Se nos fue un grande de la educación popular: Hernán Peralta

Se nos fue un grande de la educación popular: Hernán Peralta

Se nos fue Hernán Peralta. El pasado 30 de diciembre en San Antonio de los Altos, Venezuela, se nos fue un grande de la educación popular latinoamericana. Compañero entrañable con una historia de vida tan potente y diversa como las formas de emancipación que se han forjado en Nuestra América y el mundo. Fue un luchador que asumió en la Educación Popular su trinchera político-cultural, que lo llevó a abrazar la dimensión creadora del pueblo. Por eso apostó a las radios territoriales y a la comunicación popular, al teatro callejero y al arte como herramienta no solo de entretención sino como una forma de concientización y re-creación de lo humano.

De la mano de todo esto y habiendo experimentado en carne propia cómo las experiencias de lucha nos enseñan y nutren con infinitos aprendizajes, asumió el desafío de reconocer, visibilizar y compartir los saberes que están presentes en nuestras organizaciones y en la construcción de poder popular. Fue entonces que creó la “Metodología de Análisis con Registro Abierto”, un método popular de sistematización de experiencias comunitarias que se hizo conoido como el “método churuata”.

En el 2017 y en el marco de la publicación de su libro ‘Cómo hacer para saber qué hacer..’ -donde precisamente se explica dicha metodología-, le pedimos que nos escribiera una pequeña autobiografía donde nos contara su experiencia en ‘Los Saltamontes’, o en el Centro de Estudiantes de Teatro con Víctor Jara, su paso por Radio Moscú y Radio Rebelde, la traducción del Libro Rojo de Mao, entre tantas otras historias más donde estuvo aportando su grano de arena. Su negativa fue categórica. Le estábamos pidiendo que reconstruyera su vida y, entre ello, algunos pasajes que había tenido que olvidar a la fuerza para no delatar en la tortura por la que lo hizo pasar la Dictadura de Pinochet. Le insistimos: ‘lo que sea que recuerdes, Hernán, ¡cuéntalo!’.

Tal vez por el paso de los años, la distancia geográfica o la extraña persistencia de estos nuevos bichitos -antes ‘Saltamontes’, ahora ‘Caracoles y Caracolas’-, en un ejercicio de generosidad pura, accedió. Claro que nos advirtió que lo único que podía compartirnos eran las distintas vivencias que lo habían llevado a formular el método Churuata. Casi como un álbum de fotos o un colláge de imágenes nos llegó este texto que se convirtió en el epílogo de su libro que con tanta alegría aceptó publicar con Caracol y con Quimantú. Un texto que hoy nos parece importante compartir.

Nos va a hacer falta Hernán, un compañero que honró la vida llenándola de experiencias de liberación, creación y resistencia…

Un necesario para nuestros tiempos de digna rebeldía.

Construyendo la Red de Educación Popular de Santiago (Caracol TV)

Construyendo la Red de Educación Popular de Santiago (Caracol TV)

El día 8 de diciembre de 2019 se realizó la segunda jornada de construcción de la Red de Organizaciones de Educación Popular de Santiago en el colegio Paulo Freire de San Miguel y, como Caracol, estuvimos ahí apañando.

Las organizaciones asistentes reflexionaron sobre las posibilidades de trabajar juntos en coordinación y las formas en que esa colaboración se puede dar. Este videíto pretende ser un aporte en el ámbito informativo como en el ámbito formativo, en tanto se describe la propuesta metodológica utilizada durante la jornada (¡y que nos funcionó muy bien!).

Si quieres conocer más detalles, contáctate con nosotres.

¡Vamos lento porque vamos lejos!

VE EL VIDEO ACÁ ABAJITO:

Chile: El pulso por el futuro. Cincuenta días en la calle (por Raúl Zibechi)

Chile: El pulso por el futuro. Cincuenta días en la calle (por Raúl Zibechi)

El 7 de diciembre pasado, el intelectual militante uruguayo Raúl Zibechi publicó en el periódico Brecha, de su país natal, una interesante crónica y análisis a 50 días de la rebelión popular en Chile. En el escrito, repasa la movilización callejera y los procesos asamblearios de base que han surgido en nuestro país, e incluye pasajes de lo que fue nuestra conversación con él, en la reunión que tuvimos en el marco de la Feria Popular “América Leatina desde abajo” en Santiago. Lo compartimos ahora con ustedes…

“Volvimos a ser pueblo”: un sencillo cartel pintado sobre papel, colocado por una comunidad de vecinos sobre la avenida Grecia, es un grito de protesta contra el neoliberalismo que convirtió a las gentes en apenas consumidoras. Pero también conforma todo un programa político y una ética de vida, en apenas cuatro palabras.

No muy lejos de allí, la céntrica Plaza de la Dignidad, nombre con el que la revuelta chilena ha rebautizado a la Plaza Italia, parece zona de guerra. Los comercios están cerrados en varias cuadras a la redonda, engalanados con pintadas multicolores que denuncian la represión e incitan a la revuelta contra las más diversas opresiones. Los y las jóvenes no la quieren abandonar. Sostienen que el día que la protesta abandone la calle estará todo perdido. Una lógica implacable, pero difícil de sostener después de 50 días de movilizaciones.

La mayoría de las pintadas en muros de los alrededores, y en muros de todo Chile, cientos de miles, denuncian la violencia de Carabineros. “Nos violan y nos matan”, “No más abuso”, “Pacos asesinos”, “Paco culiao”, y así indefinidamente. Sobre una lágrima de sangre que resbala por una pared se puede leer: “Vivir en Chile cuesta un ojo de la cara”.

Los medios de la derecha destacan que los muros rayados, que se pueden ver hasta en los más remotos rincones de la ciudad, ensucian Santiago. Como suele suceder, conceden mayor importancia a las pérdidas materiales que a los ojos de los 230 manifestantes cegados por los balines de los carabineros y que a las vidas de las casi tres decenas de asesinados por las fuerzas represivas desde mediados de octubre.

Además de los dedicados a Carabineros, abundan también los muros feministas, donde se ataca frontalmente la violencia machista y el patriarcado. Pintadas en tonos violetas y lilas que se entremezclan con las jaculatorias contra la represión. Pero la palma a la creatividad en las protestas se la lleva la performance “Un violador en tu camino”, creada por Las Tesis, un colectivo interdisciplinario de mujeres de Valparaíso. Ha sido reproducida millones de veces en las redes y replicada en casi todas las capitales latinoamericanas y europeas.

Incluso los medios del sistema (desde Radiotelevisión Española y Cnn hasta el argentino Clarín) debieron dar cuenta de esa intervención callejera, una denuncia a ritmo de rap que pone en la mira tanto al gobierno como a los jueces y la policía. El seguimiento masivo que ha despertado muestra tanto la indignación mundial con la salvaje represión en Chile como la creciente influencia del feminismo en las protestas, con voces y estilos propios.

Las estatuas son un tema aparte. Se dice que son más de treinta las figuras de militares y conquistadores que fueron grafiteadas, desde Arica, en la frontera con Perú, hasta el sur mapuche. En la Plaza de la Dignidad, la figura ecuestre del general Baquedano ha sido pintada y tapada parcialmente. La historiografía de arriba lo considera un héroe de la guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, cuando el país vecino perdió su salida al mar.

En Arica, los manifestantes destruyeron una escultura en piedra de Cristóbal Colón, que llevaba más de un siglo en el lugar. En La Serena, rodó la estatua del colonizador y militar Francisco de Aguirre y en su lugar los vecinos colocaron la escultura de una mujer diaguita. En Temuco removieron el busto de Pedro de Valdivia y su cabeza fue colgada en la mano del guerrero mapuche Caupolicán.

Pedro de Valdivia está en la mira de los manifestantes. El militar, que acompañó a Francisco Pizarro en la guerra de conquista y exterminio en Perú, fundó, con el mismo método, algunas de las principales ciudades de Chile, desde Santiago y La Serena hasta Concepción y Valdivia. Es una de las figuras más odiadas por la población. Su estatua estuvo a punto de ser derribada en la céntrica Plaza de Armas.

Pero el hecho más simbólico sucedió en Concepción, 500 quilómetros al sur de Santiago. Cientos de jóvenes se concentraron en la Plaza de la Independencia, donde derribaron su estatua el mismo día, 14 de noviembre, que se conmemoraba el primer aniversario del homicidio de Camilo Catrillanca, comunero mapuche muerto a manos de Carabineros. El crimen suscitó una amplia reacción popular en 30 ciudades del país. En algunos barrios de Santiago hubo cortes de calles y caceroleos durante más de 15 días. Un año después, la mapuche es la bandera más ondeada en las protestas chilenas.

Trawün mapuche en Santiago

El último sábado de noviembre, la Coordinación de Naciones Originarias, nacida durante el estallido, convocó a un trawün (encuentro, en mapudungun), en el centro ceremonial de Lo Prado, en la periferia de la ciudad. Acudieron mapuches de diversos barrios de Santiago (Puente Alto, Ñuñoa, Pintana, entre otros), donde ya han realizado varios trawün locales. El encuentro se inicia con una ceremonia dirigida por tres longkos (autoridades comunitarias), seguida con cánticos y rezos de unas sesenta personas bajo un sol vertical. Luego de que la Pachamama les concediera permiso, se iniciaron las discusiones en dos grupos para abordar cómo deben posicionarse en los debates sobre una reforma de la Constitución.

Las mujeres, engalanadas con trajes tradicionales, participaron tanto o más que los varones, ataviados con vinchas azules. Rápidamente se constataron dos posiciones. Una proponía participar en las elecciones para la Convención Constituyente a celebrarse en abril (véase recuadro). Como los partidos que firmaron el pacto denegaron la posibilidad de que los pueblos originarios tengan un distrito electoral especial, el debate se trasladó para discutir los caminos a seguir. Esta posición ha venido creciendo desde el estallido, aunque nació hace casi dos décadas, y recibe el nombre de plurinacionalidad. Ya que los mapuches no quieren ser elegidos en los partidos existentes, algunos participantes (varias de ellas mujeres) propusieron la formación de un partido electoral mapuche. Esta corriente de pensamiento tiene mayor arraigo en las ciudades, particularmente en Santiago, donde viven cientos de miles de mapuches. Su núcleo está en las y los universitarios que emigraron del sur y hoy están establecidos en la ciudad. Emite un discurso coherente y potente, y argumenta que hay poco tiempo para tomar este camino, ya que la convocatoria para elegir constituyentes se concreta en abril.

La otra corriente defiende la autodeterminación y la autonomía, posiciones tradicionales de las comunidades mapuches del sur, las más afectadas por la represión del Estado chileno, por la militarización de sus territorios y por el despojo a manos de las empresas forestales. Esas son también las comunidades que encabezan la recuperación de tierras y las que mantienen viva la llama de la nación y la identidad tradicional mapuche. Durante el trawün, una mujer de mediana edad recordaba que “ya tenemos nuestro propio gobierno y nuestro parlamento, no necesitamos de los políticos”. Y un joven vehemente se preguntaba: “¿Realmente queremos tener un escaño dentro de la política winka?

Asambleas, barrios y clases

El colectivo Caracol, que trabaja en educación popular en los espacios y territorios de las periferias, sostiene en sus análisis semanales que el “acuerdo de paz” firmado a las tres de la madrugada del 24 de noviembre por todo el arco político –menos el Partido Comunista– le otorgó “una sobrevida” al gobierno de Piñera (colectivo Caracol, 25-XI-19).

El propio nombre del pacto delata a sus inspiradores. Si se trata de paz, dice Caracol, es porque hubo una guerra, que es lo que viene diciendo Piñera desde el primer día del estallido. La convocatoria a una convención constituyente acordada en contra de una asamblea constituyente como la que defienden los movimientos impone varios filtros.

“Esta Convención no estará compuesta por ciudadanos ni representantes de los movimientos sociales y populares, sino por quienes designen los partidos políticos existentes”, estima Caracol. Agravio al que deben sumarse los dos tercios requeridos para que se apruebe cualquier propuesta, lo que supone un veto mayor para las propuestas de la calle. “Han demostrado que los cabildos abiertos que se han desarrollado por todo Chile no les interesan, porque no les interesa la deliberación popular”, sigue el colectivo Caracol.

Daniel Fauré, fundador de la organización, analizó en diálogo con Brecha que la decisión del gobierno de convocar a una constituyente se tomó cuando contempló la confluencia entre la protesta callejera y el paro nacional, la unidad de acción entre trabajadores sindicalizados, pobladores y jóvenes rebeldes. “Es el boicot a las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawün”, señaló.

Llegados a este punto, debemos recordar que la dictadura de 17 años de Augusto Pinochet se abocó a una profunda reconstrucción urbana con fines políticos. Cuando Salvador Allende llegó al gobierno, en noviembre de 1970, casi la mitad de la ciudad de Santiago estaba conformada por campamentos, espacios tomados y autoconstruidos por los sectores populares, que de ese modo se configuraron como sujeto político, bajo el nombre de pobladores, y fueron centrales en el proceso de cambios cegado por la dictadura.

En la actualidad, y según un mapeo de Caracol, existen en Santiago unas 110 asambleas territoriales, organizadas en dos grandes coordinaciones: la Asamblea de Asambleas Populares y Autoconvocadas, en la zona periférica, y la Coordinadora Metropolitana de Asambleas Territoriales, en la zona central. Estas asambleas contrastan, y a veces compiten, con las más institucionalizadas juntas de vecinos. Aunque hubo un trabajo territorial previo importante, la mayoría de estas organizaciones se formó durante el estallido. Realizan actividades culturales recreativas, organizan debates entre vecinos, ollas comunes, asisten a los heridos y detenidos en las marchas y promueven caceroleos contra la represión. Muchos de sus integrantes participan en las infaltables barricadas nocturnas.

Pero al igual que en los tiempos del dictador, tampoco el Chile pospinochetista puede aceptar el activismo de los pobladores. La clase dominante chilena no puede concebir que los rotos salgan de sus barrios, que hablen y ocupen espacios. Un relato de Caracol sobre un enfrentamiento ocurrido a fines de noviembre, cuando un grupo de pobladores fue a manifestarse a un shopping del sector más exclusivo de Santiago, lo dice todo: “Bastó que un grupo de personas de la clase popular se aparecieran en el patio de su templo del consumo en La Dehesa para que la clase alta saltara despavorida llamándolos a volver a sus poblaciones de mierda, rotos conchadesumadre” (colectivo Caracol, 25-XI-19).

Si es cierto que la revuelta de octubre de 2019 cierra el ciclo iniciado el 11 de setiembre de 1973 con el golpe de Estado de Pinochet, también debe ser cierto que se abre un nuevo ciclo, del que aún no sabemos sus características principales. Por lo que se puede ver en las calles de Santiago, este ciclo tendrá dos protagonistas centrales: el Estado policial –brazo armado de las clases dominantes– y los sectores populares, afincados en sus poblaciones y en el Wall Mapu o territorio mapuche. El pulso entre ambos configurará el futuro de Chile.

Brecha 6-12-2019

¿Cómo sistematizar lo que está pasando en las Asambleas Territoriales y Cabildos? (Caracol TV)

¿Cómo sistematizar lo que está pasando en las Asambleas Territoriales y Cabildos? (Caracol TV)

La revuelta popular no para y desde varios territorios organizados nos han preguntado por esto, así que compartimos algunos consejos rápidos para ponernos manos a la obra.

Lo primero que hay que aclarar es la diferencia entre SISTEMATIZAR INFORMACIÓN y SISTEMATIZAR EXPERIENCIAS.

  1. SISTEMATIZAR INFORMACIÓN es tomar una gran cantidad de información, ordenarla, procesarla y obtener datos útiles o resultados de ella (como lo haría un programa de computadora).
  2. SISTEMATIZAR EXPERIENCIAS es cuando una organización toma su propia experiencia pasada, la ordena, la analiza y aprende de ella produciendo saberes nuevos que vienen desde la misma experiencia organizativa.

Por eso es clave que discutan bien primero qué es lo que quieren o necesitan hacer.

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Si necesitan sistematizar la información que está surgiendo desde las asambleas (por ejemplo, las demandas que están emergiendo para construir un Pliego Unificado) lo recomendable es recoger esa información desde las actas, declaraciones, talleres y conversaciones que se han dado en tu asamblea y luego ir ordenando todo según algunos criterios bien definidos.

Como ejemplo, las y los cumpas de la CAT (Coordinadora de Asambleas Territoriales de Santiago) están ordenando las demandas y propuestas de sus asambleas participantes según estos ejes: “Trabajo y relaciones laborales”, “Derechos sociales”, “Justicia”, “Institucionalidad Política”, “Medio Ambiente y energía” y “Economía y Propiedad”.

Puedes usar esos o construir otros criterios, aunque mientras más similares sean los que levantemos desde todo Chile, más fácil será coordinar un solo Pliego de Demandas del Pueblo organizado.

Otros criterios que puedes agregar y que sirven un montón son: dividir entre aquellas demandas que son a corto plazo o inmediatas, aquellas que son a mediano plazo y las que son a largo plazo. O también puedes ordenarlas por “frecuencia”: desde las que se repiten más entre diversas asambleas a las que están recién apareciendo.

Ahora, si lo que quieren es sistematizar la experiencia de su asamblea, cabildo u organización, es otra cosa.

La sistematización de experiencias es un proceso que sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para levantar la moral de la organización al ver todo el camino que han recorrido juntos, para aprender de los aciertos y errores que han cometido y así fortalecer el trabajo cotidiano e incluso sirve mucho para darse una pausa, evaluar el camino que han recorrido y desde ahí proyectar colectivamente el futuro. ¡Recuerden que llevamos 57 días pero la lucha debe ser permanente!

Por eso, si es que quieren darle a este proceso, les damos un par de pistas.

Primero, es importante que resguarden la memoria de su organización y que una Comisión recopile y archive las actas, declaraciones públicas, afiches y fotografías de las actividades que han desarrollado. ¡Todo eso les será muy útil para cuando sistematicen!

Lo segundo, es que planifiquen algunas jornadas para esto. La sistematización de experiencias no lo hace una comisión, sino que debe ser un proceso donde, ojalá, participe toda tu asamblea, para que los saberes que surjan desde ahí sean colectivos y el aprendizaje también. Pero ojo, que es un proceso que puede tomar desde un fin de semana hasta un par de meses, por lo que deben planificarlo con tiempo.

Nosotras y nosotros como Caracol – El apañe de los Piños, hemos acompañado varios procesos de sistematización de experiencias porque nos interesa que como pueblo organizado levantemos nuestros propios saberes desde las prácticas mismas, para que no dependamos de ninguna vanguardia iluminada ni académico famosillo para avanzar en las diversas luchas que tenemos. Si les tinca, obvio que los podemos apañar en este proceso lento, pero seguro que es sistematizar…

Y si les tinca seguir aprendiendo de esto, les invitamos a ver un videíto que hicimos hace un tiempo que explica lo que es sistematizar experiencias.

¿Cómo levantar espacios autoeducativos en las asambleas territoriales? (Caracol TV)

¿Cómo levantar espacios autoeducativos en las asambleas territoriales? (Caracol TV)

Nos han llegado varias consultas sobre este tema, así que acá te van algunos consejos rápidos para pensar espacios autoeducativos participativos, que sirvan para ponerle el hombro a la rebelión popular en curso y que nos proyecten más allá.


1. Lo primero, arma un equipo o comisión de trabajo… ¡acá no sirven las arrancadas individuales! No es necesario que sean profesores o profesoras, solo que tengan ganas de participar… la educación popular no requiere de títulos o cartones.

2. Las temáticas que trabajen en esos talleres tienen que surgir desde la asamblea. ¡Nada de pasar máquina! Acá, lo importante es que la Comisión sepa jerarquizar los diferentes temas que salgan. Recomendamos hacer eso según algún criterio fijo: por ejemplo, según la coyuntura o según lo que sea más sentido para tu comunidad. Presenta ese programa de trabajo en la asamblea y espera que sea aprobada… ¡solo así ganará legitimidad la propuesta!

3. Desde la educación popular trabajamos con la modalidad de Talleres. Eso quiere decir que son espacios de trabajo –no solo de escucha– donde la gente que participe tiene que construir o elaborar algo en común. Los talleres se dividen en tres grandes partes o lo que llamamos el “método del arco”: partimos desde abajo, luego subimos, para volver a bajar.

¿Qué quiere decir esto?
Te lo explicamos…

Primero, el punto de partida: el diagnóstico sobre el tema. Los talleres siempre deben comenzar con algún ejercicio que permita que la comunidad diga lo que sabe del tema, comparta sus expectativas y sus preguntas. Si nuestros talleres no parten de la realidad, desde el “aquí y ahora” de nuestra comunidad, no podemos saber cuánto debemos o podemos avanzar.

Segundo, vamos hacia arriba: En esta segunda parte, en base a ese diagnóstico, “subimos” a una reflexión mayor. Eso puede ser un aporte teórico, compartir un saber nuevo o darle a la reflexión colectiva. Acá, si tienen algún invitado o invitada a hablar, díganle que debe basarse en el diagnóstico del punto de partida (¡no hablar lo que quiera!) pero si no tienes un “experto” no te preocupes… en esta parte pueden ver un documental o revisar colectivamente un pequeño texto. Lo importante es que aporte elementos que permitan leer tu realidad con nuevas categorías o perspectivas.

Tercero, bajamos a la realidad. En esta parte, la palabra vuelve a la asamblea para volverse propuestas de acción. Ojo: no es un espacio solo para que se hagan preguntas a la persona que expuso, sino para que volvamos a conversar sobre nuestra realidad, para ver cómo lo que aprendimos antes nos ayuda o no a analizar nuestros territorios y para que surjan ideas concretas que nos lleven a cambiar la realidad que no nos gusta. Esta parte no es necesariamente una “PLENARIA” puede ser un nuevo espacio para trabajar en grupos.

Finalmente, como cualquier ejercicio educativo es importantísimo hacer algún ejercicio de evaluación. Puede ser pequeñito (como sintetizar en una palabra lo que sentiste en el taller) o en otros formatos, como en dibujos colectivos o post it en un papelógrafo. ¡Esto es fundamental porque te permitirá ir mejorando en los talleres que sigan!

Postdata: Los mejores talleres son los que parten a la hora, y ¡donde tenemos cositas ricas para compartir! Un matecito, una once , una olla común… ¡comer juntos nos da ánimo para educarnos y nos hace comunidad!


Si la represión avanza, ¡el pueblo responde con más organización!

Colectivo Caracol – El apañe de los Piños

03 de diciembre de 2019