¡Justicia para Camilo Catrillanca! ¡A construir una pedagogía de la memoria popular!

¡Justicia para Camilo Catrillanca! ¡A construir una pedagogía de la memoria popular!

El modus operandi del poder de los de arriba

Cada vez que el poder de los de arriba ha cometido un crimen contra el pueblo -mestizo o mapuche-, su estrategia ha sido la misma: victimizarse y responsabilizar al pueblo de su crimen. Cuando en 1999 asesinaron al estudiante Daniel Menco, nos dijeron que fue un accidente, hasta que su mentira cayó y se demostró que fue una bala de Carabineros la que terminó con la vida del universitario. ¿Se acuerda cuando mataron a Alex Lemún, el 2002, y a Matías Catrileo, el 2008? En ambos casos dijeron que fue un enfrentamiento, hasta que se demostró que habían sido asesinados. ¿O el caso de Manuel Gutiérrez, el 2011? Esa vez el Gobierno y Carabineros señalaron que Manuel fue herido por los manifestantes de Lo Hermida, negándose a investigar, hasta que la presión social hizo que su asesino -un carabinero que ni siquiera estaba de turno- se entregara y cayó el montaje. ¿Se acuerda de Macarena Valdés, líder ambientalista de Panguipulli y férrea opositora al proyecto de hidroeléctrica en el sector de Río Tranguil? El mismo modus operandi: el Servicio Médico Legal señaló que se había suicidado, hasta que una nueva autopsia de la familia demostró que fue asesinada.

Nada de esto es casual. No son hechos aislados. Es una política de Estado mandatada por el Mercado. Lo hacen porque saben que funciona: que su poder comunicacional es tan grande que pueden replicar la mentira hasta que una parte importante de nuestro pueblo se la cree. Y con eso les basta.

Y también sabemos el por qué lo hacen. Esta estrategia -que viene desde la Dictadura Cívico-Militar y ha sido muy bien aplicada por la ex Concertación (actual Nueva Mayoría) y, hoy, por la derecha de Chile Vamos (ex Alianza por Chile)- solo busca frenar el avance de los pueblos. Una estrategia macabra que, en el caso del pueblo mapuche, se ha sostenido en el uso de diversas tácticas: aplicación de la ley anti-terrorista, doble procesamiento por la justicia chilena (civil y militar), el uso de testigos sin rostro o con testimonios dados bajo tortura, entre otras; tácticas que buscan criminalizar a las comunidades y frenar el proceso de autonomía y recuperación de territorio del pueblo nación mapuche. Tácticas y estrategias que proponen una pedagogía del capítal: que buscan por el terror que usted aprenda que, en este contexto, vale más la propiedad privada que la vida humana.

Una pedagogía de la memoria: nuestra apuesta

Para frenar esta máquina de mentir y criminalizar, las educadoras y educadores populares de esta larga y angosta franja de tierra tenemos que organizarnos. Las comunicadoras y comunicadores populares debemos aunar esfuerzos.

En primer lugar, debemos coordinar las fuerzas para hacerle frente al gigante comunicacional del poder de los de arriba. Tienen el dinero a su favor, pero no la verdad. Por eso, hay que multiplicar la conversación fraterna con la pareja, la familia, la vecina, la persona que va sentada a su lado en la micro o en el metro, con la gente de la pega, del liceo o de la universidad. ¡Todo espacio es un espacio contrainformativo! Hay que utilizar con inteligencia las redes sociales y, nunca olvidar, volver a la calle  una y otra vez a gritar el descontento: la calle, ese espacio donde se olvida el yo, porque vuelve a nacer un nosotros, un nosotras.

En segundo lugar, hay que construir una pedagogía de la memoria: multiplicar los espacios político-pedagógicos donde recordemos las luchas pasadas y presentes, donde expliquemos las causas de nuestras luchas populares y clarifiquemos quienes son pares y quienes son oponentes; donde las luchadoras y luchadores asesinados vuelvan a la vida en el recuerdo. De esa forma, por ejemplo, no olvidaremos tan fácilmente que los fusiles de asalto y las tanquetas en la Araucanía no las inventó Piñera, sino que se instalaron durante la Dictadura Cívico-Militar y se multiplicaron en los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, con Pérez Yoma y Harboe a la cabeza. Información importante de recordar para evitar que los asesinos de ayer se vistan de aliados hoy.

El problema de fondo y las exigencias populares

Acá no hay que perderse, el problema de fondo sigue siendo la lucha -abierta o solapada- entre el poder de los de arriba contra los pueblos. Una lucha donde los de arriba buscan imponer su modelo económico capitalista extractivista y usan para ello el terrorismo de Estado y una cultura racista y colonial contra las comunidades mapuche.

Y ello perdurará hasta que los pueblos nos unamos. Así de fácil. Así de complejo. Mientras trabajamos para esa unidad, como Colectivo de Sistematización Militante Caracol – El apañe de los piños, creemos que es clave que como pueblos nos juntemos y levantemos algunas exigencias:

 

  • Exigimos la eliminación del Plan Araucanía, la desmilitarización del territorio del pueblo nación mapuche y el retiro del “Comando Jungla”.
  • Exigimos verdad y justicia frente al asesinato de Camilo Catrillanca.
  • Exigimos escuelas rurales libres de violencia estatal, donde las niñas y los niños mapuche puedan estudiar sin sufrir cotidianamente los allanamientos de la policía chilena.
  • Exigimos respeto a la autonomía del pueblo nación mapuche.

 

Exigencias mínimas, pero indispensables, para que la larga lista de mapuche asesinadas y asesinados en esta democracia empresarial no haya sido en vano.

 

En memoria de:

 

Jorge Antonio Suarez Marihuan (2001)

Agustina Huenupe Pavian (2002)

Mauricio Huenupe Pavian (2002)

Edmundo Alex Lemunao Saavedra (2002)

Julio Alberto Huentecura Llancaleo (2004)

Zenén Alfonso Diaz Nécul (2005)

Jose Gerardo Huenante Huenante (2005)

Lonko Juan Lorenzo Collihuin Catril (2006)

Matias Valentin Catrileo Quezada (2008)

Johnny Cariqueo Yañez (2008)

Jaime Facundo Mendoza Collío (2009)

Rodrigo Melinao Lican (2013)

José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil (2014)

Victor Manuel Mendoza Collío (2014)

Camilo Catrillanca Marín (2018)

 

Colectivo de Sistematización Militante

Caracol – El apañe de los Piños

Santiago, 19 de noviembre de 2018

¡YA APARECIÓ… EL N°1 DE REVISTA CARACOL!

¡YA APARECIÓ… EL N°1 DE REVISTA CARACOL!

Con el convencimiento de que es necesario utilizar todas las herramientas a la mano para dar la batalla de las ideas, nace CARACOL. REVISTA DE EDUCACIÓN POPULAR; COMUNICACIÓN POPULAR Y SISTEMATIZACIÓN MILITANTE, una publicación semestral creada por el Colectivo de Sistematización Militante CARACOL – El apañe de los Piños y editada por nuestros hermanos/as de la Editorial Quimantú.

Un espacio para socializar saberes que surgen desde diversas prácticas de educación popular, comunicación popular y sistematización de experiencias, de organizaciones de Chile y de otros rincones de Nuestramérica.

 

En este primer número, le llevamos:

“El camino caracolero: Producir y compartir saberes”, pequeña declaración que cuenta porqué y para qué es necesario este nuevo medi de comunicación popular. Luego, el caracolero Esteban Miranda, en su artículo “Aprender para seguir avanzando: Un recorrido por las Escuelas Caracoleras de Sistematización” repasa las dos escuelas de verano que hemos desarrollado hasta ahora, donde hemos aprendido a sistematizar con organizaciones hermanas según los métodos de Oscar Jara y Hernán Peralta.

La cosa sigue con el artículo “De saberes, educación popular y liberación: Dos ventanas para provocar el diálogo…”, un texto escrito por los caracoles Daniel Fauré y Lorena González, donde le dan una vuelta a porqué sería importante la producción de saberes en las luchas populares y cómo hay que volver a hablar de liberación en nuestros días.

Como si eso fuera poco, le incluimos el “Documento de Sistematización: Piño Contrapupitre” que da cuenta del proceso de autoformaciń que realizo esta coordinadora de organizaciones de educación popular, donde se pueden encontrar interesantes reflexiones y ejemplos para autoeducarse.

De ahí, viene un rabioso artículo de nuestra vocera Carola, la caracola, titulado “Defensa rabiosa y caracolera de Paulo Freire (a 21 años de su muerte)”, tratando de recuperar la praxis del maestro de tanto manoseo progre y despolitizado que se le hace hoy.

Y finalmente, la Lore González entrevista a Delia Bianchi, psicóloga comunitaria y educadora popular uruguaya, que nos cuenta cómo está la cosa por allá, nos habla del gran José Luis Rebellato y reflexiona sobre  la vinculación entre las universidades y la educación popular hoy.

¿Cuánto cuesta esta maravilla?

Solo 1500 pesitos chilenos.

¿Dónde conseguirla?

Si eres de Santiago, tienes dos opciones:

1. Nos mandas un correo (caracolpopular@gmail.com), y el caracol o caracola más cercano te la acerca a algún metro o por ahí…

2. Vas directo a la tienda de la Editorial Quimantú (Cóndor 1071, Santiago)

Si eres de otros lugares del pais:

1. Nos mandas el correo, te damos los datos, nos depositas y te enviamos la revista por CorreosChile o TurBus. (Ahí lo que sale a cuenta es encargar de más, porque sale más barato… quiźas puedes pedir más del catálogo caracolero, o pedir con amigos/as, o, mejor aún, ¡convertirte en distribuidor/a caracolero/a en tu ciudad!

 

 

Acción Colectiva Juvenil: Nuevos escenarios de participación y militancia en Santiago de Chile

Acción Colectiva Juvenil: Nuevos escenarios de participación y militancia en Santiago de Chile

Luego del estallido social del 2011 que movilizó a un grupo importante de estudiantes universitarios y secundarios,  desde  Eco, Educación y Comunicaciones  intentaron responder  a diversas interrogantes que surgieron a partir de estos últimos años de rearme y rearticulación del movimiento social. Es por eso que Daniel Sierra, nos trae un completo trabajo enfocado en la descripción y comprensión de estas organizaciones juveniles pensando en sus componentes, objetivos y acciones, pero también acerca de sus límites y desafíos.

Nosotros como caracoles, fuimos parte de esta investigación entregando nuestra experiencia como educadores populares, hablando del trabajo que hemos llevado estos años y la importancia de la EP  en la producción  y acumulación de los  saberes propios de las organizaciones.

¡L@s invitamos leer este documento (no sólo porque aparecemos nosotr@s jeje) porque está pulentisimo!

Descargar PDF 7.75 Mb

 

Defensa rabiosa y caracolera de Paulo Freire (a 21 años de su muerte)

Defensa rabiosa y caracolera de Paulo Freire (a 21 años de su muerte)

*por Carola, la Caracola

Vocera del Colectivo Caracol – El apañe de los Piños

Hace dos días, estuvimos tallereando en una pobla de Lo Espejo, en el sur de Santiago, con un grupito de chiquillas y chiquillos organizados que querían formarse en esta cosa de la educación popular. Como siempre, en uno de los cuatro talleres que hicimos con ellos, junto a mis cumpas del Colectivo Caracol, hubo un tiempito para conversar del viejo amigo Paulo y de su rollo sobre la concientización y la liberación. Hoy, 2 de mayo, el calendario nos recuerda que ha pasado un año más desde que el Paulo nos dejó y aprovechamos de gritar un par de cosas en estos tiempos en que el compañero está en boca de todos y todas, incluso de los que ocupan su trabajo para seguir oprimiendo…

1. Freire era un cumpa sustantivamente político y adjetivamente pedagógico. ¡Él mismo se definía así! Eso no quiere decir que se creía una oración, sino que lo que hacía, lo hacía por un objetivo político mayor: la humanización. Y como eso no se puede dar porque hay sujetos que se empeñan en deshumanizarnos con la explotación y la dominación, la humanización le lleva el proceso de liberación de las oprimidas y los oprimidos. Por eso, no era un tipo que quería hacer “clases más entretenidas” ni “ayudar a los pobres a leer” como andan diciendo por ahí. Así que usted que lee esto, no se haga el larry ni se ponga “progre”: si se dice freireano y freireana, que sea porque apunta al mismo objetivo político, la liberación de toditito el pueblo.

2. Como el desafío era gigante (la liberación, ni más ni menos), su aporte fue pensar en cómo hacerla. Y ahí llegó a esa palabrita clave: la concientización. Pero adivine que le dijeron cuando lo comentó: – “Pero si eso es fácil, es cosa que el pueblo aprenda lo que le enseñamos nosotros, los que sabemos (la vanguardia política, la clase media intelectual) y entienda cuál es su papel en la revolución (o sea: obedecernos)”. ¡Cueck! ¡Cueck! ¡Cueck! – “No poh, la concientización es otra cosa” -les dijo el viejo Paulo-. “Es cuando las oprimidas y oprimidos nos ‘salimos de la realidad’ para analizarla desde fuera, y ahí vemos, por nuestra propia cuenta, quienes somos y qué papel jugamos en la sociedad”. No hay atajos en esto: o lo hacemos entre todos y todas o es simplemente una suplantación. Cuento corto: si usted se dice educadora o educador popular, recuerde que la mano es esa, que cada una de nuestras pegas sea un ejercicio donde podamos ver nuestra realidad, para pensarla, repensarla y analizarla colectivamente. A ritmo de pueblo: lentito, pero sin pausa. Si no lo hace, somos sólo “dinamiqueros o dinamiqueras”. Si lo hace pero se desespera y termina imponiendo su rollo, solo atrasa la liberación.

3. Freire fue hijo de su tiempo. Sus enemigos fueron las fuerzas de la derecha golpista latinoamericana y el imperialismo, los sectores cristianos conservadores que querían apoderarse de la iglesia y los sectores que se decían de izquierda pero no confiaban en el pueblo y le negaban la capacidad de producir saberes e inventar sus propias revoluciones. Y si bien avanzó caleta en muchos temas, no los pensó todos, ¡eso es imposible! Por eso, no le pidamos al cumpa que nos resuelva todos los problemas que nosotras y nosotros tenemos hoy. Valorémoslo por el aporte que hizo desde su tiempo y no le hagamos el quite a lo que es pega nuestra: ver cómo construimos hoy día, en el Chile que nos tocó vivir, formas de concientizarnos para liberarnos de ese monstruo de tres cabezas que es el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo.

4. En este contexto nuestro, el de los “tiempos mejores”, donde nos roban la plusvalía de nuestro trabajo, nos precarizan la pega y nos quitan los derechos sociales; donde la cultura de la violación cría machitos, violenta y asesina a las mujeres; donde el racismo que emana desde la clase alta inunda nuestros barrios populares haciéndonos discriminar a las hermanas y hermanos haitianos y mapuche… En resumen, en esta realidad de mierda que nos toca vivir hoy, la concientización, la autoeducación y la acción del gigante popular que somos, diverso pero unido, amoroso pero que sabe defenderse, no es una opción: es una obligación. Por eso, Paulo, donde estés, pucha que nos haces falta… pero acá estamos, ¡pa’ seguir peleando!

Santiago, 2 de mayo de 2018

Revista Caracol (N°1, año 1, Diciembre de 2017)

Revista Caracol (N°1, año 1, Diciembre de 2017)

Pincha en la imagen para descargar la revista…

¡Difunde, comparte, imprime y regala!

El próximo mes como Colectivo de Sistematización Militante Caracol – El apañe de los piños celebramos cinco años de existencia y estamos convencidísim@s que no hay mejor manera de hacerlo que compartiendo nuestra primera revista como colectivo de sistematización militante, con cada una/o de ustedes.

Nuestros lentos pasos como caracoles y caracolas, han estado motivados por una necesidad que consideramos fundamental, a saber; la de re-instalar, en la discusión de las organizaciones sociales y populares, la sistematización de experiencias para la producción –a través de un proceso ¡colectivo, horizontal y fraterno!- de saberes surgidos desde nuestras propias prácticas que nos permitan, re-conocernos, transformarnos, fortalecer-nos y en suma, auto-educarnos como pueblo.

Sin embargo, la sistematización no termina una vez que producimos aquellos saberes que necesitamos, ya que, una parte de vital importancia de esta práctica, es su comunicación, su socialización entre nosotr@s mism@s. Es por esta razón que hoy les compartimos nuestra primera revista en su formato digital para descarga gratuita, en donde podrán encontrar parte de esta historia que hemos construido y recorrido como Colectivo Caracol y en la que esperamos seguir apañando y enredándonos -desde abajo y a la izquierda- junto a ustedes”.

¡A RITMO CARACOLERO, AVANZAMOS LENTO PERO SEGUR@S!

REVISTA CARACOL

N°1, Año 1, Diciembre de 2017

Tabla de Contenidos

(Pág.2) Editorial: El camino caracolero: Producir y compartir saberes

(Pág. 4) ¡Agárrense, que esto no para! La experiencia de la Primera Escuela de Sistematización “Oscar Jara”

(Pág. 6) De saberes, educación popular y liberación: Dos ventanas para provocar el diálogo (Daniel Fauré y Lorena González)

(Pág. 15) Documento de Sistematización Piño Contrapupitre – Cuadernillo No1 –

 

 

REVISTA-CARACOL- EDICÓN Nº1 COMPLETA V2
“Cómo hacer para saber qué hacer”, Hernán Peralta (Ed. Quimantú – Caracol, 2017)

“Cómo hacer para saber qué hacer”, Hernán Peralta (Ed. Quimantú – Caracol, 2017)

“Cómo hacer para saber qué hacer” es un libro escrito por el actor y educador chileno Hernán Peralta en 1995. En el texto se expone el método de sistematización de análisis con registro abierto, el cual surge del trabajo que desarrolló Peralta, durante diez años, junto al grupo de “Promoción Sociocultural Churuata” en Venezuela. Dicho método de sistematización fue construido a través de reflexiones basadas en el análisis de la práctica misma, y en la comprensión de que cualquier tipo de articulación organizativa debe surgir en estrecha vinculación con el pueblo, y desde su propia reflexión sobre la realidad que quiere transformar.

Para comprarlo, sólo contáctate al mail: caracolpopular@gmail.com o búscanos en facebook “Colectvo Caracol – el apañe de los piños”.

¡A sólo 5.000!

Para envíos fuera de Santiago, nos depositan y se los mandamos por Tur Bus.

Prólogo a la primera edición en Chile
¿Qué hay que hacer para saber qué hacer? Una entrada caracolera, popular y organizada…

Pablo Soto y Pamela Jaime
Colectivo de sistematización militante Caracol – El apañe de los piños

El libro que prologamos presenta un modelo de sistematización de experiencias titulado la ‘Metodología de análisis con registro abierto’. Este método surgió del trabajo que desarrolló, durante diez años, el grupo de “Promoción Sociocultural Churuata” en Venezuela. Dicho proyecto realizó talleres para y desde la comunidad, centrándose en la necesidad del análisis colectivo y del trabajo sistemático comunitario como claves para la recuperación de saberes y la construcción de protagonismo popular. El método de sistematización fue construido a través de reflexiones basadas en el análisis de la práctica misma, y en la comprensión de que cualquier tipo de articulación organizativa debe surgir en estrecha vinculación con el pueblo y desde su propia reflexión sobre la realidad que quiere transformar.

Hernán Peralta, principal creador y promotor de este método de investigación popular, es un educador y comunicador popular chileno de gran  trayectoria que reside actualmente en Venezuela y que, lamentablemente, hasta hoy es poco conocido en nuestro país (lo que esperamos pueda subsanarse, en parte, con la edición de este libro). En su juventud, asistió a la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile y estudió teatro en la misma casa de estudios. Allí, conoció a Víctor Jara con quien creó el Centro de Estudiantes de esta última carrera. Dentro de su actividad estudiantil, colaboró en la promoción de obras de teatro social, con la intención de reflejar la realidad social de Chile. Más tarde –durante la Unidad Popular- trabajó en la Consejería Nacional de Desarrollo Social, desarrollando diversos trabajos enfocados en la organización de los sectores populares a partir de la
educación y la comunicación popular, labor que fue obligado a abandonar al ser exiliado por la dictadura chilena.

Relacionado con las artes escénicas, junto a su organización “Nuevo Teatro de Chile”, viajó a distintas zonas de América Latina, experiencia enriquecedora en su formación en sistematización de experiencias de agrupaciones socio-culturales. Luego, fue locutor de la “Radio Rebelde” en Cuba y de “Radio Pekin” en China. Vivió un tiempo en la Unión Soviética hasta asentarse finalmente en tierras venezolanas. Actualmente, se desempeña como profesor de la Escuela de Teatro en la Universidad Central de Venezuela y, como lo mencionamos anteriormente, es cofundador de “Promoción Sociocultural Churuata”, organización que trabaja activamente con sectores populares y comunidades indígenas, facilitando procesos de investigación y análisis de la realidad a partir del método que les presentamos ahora.

Como el mismo Hernán cuenta en el epílogo de este libro, su trabajo en Cuba, Rusia, China, Chile y Venezuela, en diferentes contextos pero con el hilo conductor de haber estado viviendo diversos procesos revolucionarios, lo llevó a la búsqueda de una herramienta que le permitiera acompañar y potenciar la organización popular en todos esos lugares. Es a partir de esa búsqueda que Peralta identificó una serie de elementos necesarios que permitieron construir este método que, como su nombre lo dice, bus-
ca que las comunidades organizadas analicen críticamente su experiencia y autónomamente “sepan cómo hacer para saber qué hacer”.

Hoy queremos compartir, con todo quien tenga en sus manos este libro, la experiencia que nos regala Hernán Peralta, su método y las preguntas abiertas que nos invita a realizar en nuestras organizaciones, para intercambiar sin fronteras con otras formas de hacer y actuar que sume y eleve nuestros conocimientos en pro del desarrollo comunitario. El aporte de Hernán Peralta es dar cuenta de la necesidad que tenemos, como movimiento popular, de aprender a partir de nuestras experiencias dentro de organizaciones populares; aprender de lo que hicimos, de aquello en lo que fallamos y así seguir avanzando, recuperando nuestros saberes, identificando nuestras fortalezas y debilidades para seguir construyendo-nos. En palabras del propio Peralta: “Necesitamos aprender del pasado, de las experiencias vividas por pueblos y organizaciones políticas o sociales. Hay una historia que nos incumbe y no podemos soslayar en esta coyuntura. Los aportes valiosos enriquecen el patrimonio popular. Las fallas, deficiencias
y errores sientan precedentes de lo que no se debe hacer”.

Ahora bien, ¿por qué reeditar este libro hoy? para entender esto, nos parece necesario compartir nuestra experiencia organizativa como Colectivo Caracol y algunas reflexiones que nos han surgido en el camino. Caracol – El apañe de los piños nace como colectivo el año 2013 frente al diagnóstico de que es necesario recuperar, como movimiento popular, los aprendizajes producidos desde nuestras diversas experiencias. La herramienta que escogimos para llevar esto a cabo es la sistematización. El desafío ha sido poner en valor, produciendo y socializando, los saberes generados a partir de nuestras diversas prácticas organizativas. Pero, ¿por qué la sistematización? Como ya lo mencionamos en el prólogo al libro “Sistematización de experiencias: prácticas y teoría para otros
mundos posibles” de Oscar Jara (que editáramos junto a Quimantú el año 2015), nosotras y nosotros consideramos la autoeducación como práctica fundamental dentro de la construcción del poder popular. Y aprender de y desde nuestras propias experiencias organizativas es un pilar fundamental de esa autoeducación popular que queremos levantar hoy. Es por ello que
apostamos por la sistematización, entendiendo que ésta apunta a fortalecer las organizaciones en sus territorios particulares al producir aprendizajes colectivos que nacen del análisis de sus propias prácticas organizativas, ganando en autonomía y democratizando al mismo tiempo nuestras orgánicas. Pero esta apuesta no solo fortalece organizaciones en sus contextos
particulares, sino que también permite robustecer el movimiento popular en su conjunto, en la medida en de que estos aprendizajes colectivos puedan ser comunicados y compartidos con organizaciones cercanas, forjando un tejido y un horizonte colectivo.

Así, desde el 2013 nos propusimos acompañar a organizaciones en el proceso de sistematización, aunque inmediatamente nos encontramos con algunas barreras. En primer lugar, las organizaciones no identifican la necesidad de sistematizar, ya sea por desconocimiento metodológico, por falta de tiempo, o por no considerarlo una prioridad. Las consecuencias de esto son muchas: al no ser capaces, las organizaciones, de responder a sus grandes interrogantes, problemáticas o desafíos, se van agotando; y se
15genera poca continuidad en los trabajos. Esto produce, constantemente, tener que volver al inicio. A esto lo llamamos el fenómeno del “evismo” o “adanismo” organizativo popular. Con esto nos referimos a que la mayoría de las organizaciones que van surgiendo piensan que su trabajo no se ha hecho antes, por lo que se tiende a partir de cero, sin considerar los aprendizajes, errores y aciertos que han producido organizaciones sociales y populares en el pasado.

Con el andar, sin embargo, hemos ido superando algunas problemáticas. El año 2014 identificamos otra necesidad generalizada entre las organizaciones: la autoeducación. Durante todo el año fuimos apañando a distintos piños, realizando diversos talleres (moviéndonos y profundizando en educación popular, técnicas participativas y producción de saberes). Poco a poco hemos ido tejiendo una red solidaria de organizaciones que trabajamos en diversos territorios desde la educación y la comunicación
popular. Y, en todos esos procesos, buscamos instalar entre los ‘saberes’ a producir y compartir, el ‘saber sistematizar’, como herramienta necesaria a desarrollar dentro del movimiento popular. Durante el 2015, profundizamos esa apuesta y decidimos instalar de nuevo a la sistematización en el centro del debate de las organizaciones populares a partir de la publicación de artículos, libros y la realización de talleres, y retomamos con más fuerza el apañe a otras organizaciones que quisieran sistematizar su experiencia.
Los aprendizajes, reflexiones e interrogantes extraídas de ese proceso son muchas. La primera idea con la que nos encontramos, es que las organizaciones sistematizan cuando funcionan mal (o al menos no de manera óptima), por lo que le otorgan, a la sistematización, la misión de mejorar el funcionamiento interno de la organización. Algunas de las interrogantes de las organizaciones que surgen en este proceso son: ¿Cómo podemos mejorar nuestra práctica? ¿Cómo definimos nuestra militancia? ¿Cómo podemos respetar nuestros acuerdos? ¿Cómo podemos transmitir los acuerdos a nuevos o nuevas militantes? Los resultados en este sentido fueron varios: documentos de definición de militancia, instancias de evaluación de la práctica, programas de autoformación, material que permite visibilizar los acuerdos, entre otros.

Otro elemento recurrente al momento que una organización decide sistematizar, es la relación que logra desarrollar con el territorio donde trabaja. Para esto el foco cambia. Ya no miramos sólo nuestro funcionamiento interno, sino más bien cuáles han sido nuestros resultados. En este escenario, las preguntas que buscan responder las organizaciones son otras: ¿Qué resultados ha tenido tal taller? ¿Cómo nos fue con el proceso de recuperación de memoria? ¿Cuán legitimada está nuestra organización en el territorio? ¿Qué aprendizajes se han producido en la comunidad con nuestro trabajo? ¿Cuán involucrada está la comunidad con nuestro proyecto?

Un último elemento que nos parece necesario nombrar es la constante pregunta por la articulación de nuestros espacios. ¿Cómo se avanza hacia esto? Una pregunta difícil de responder, que aparece constantemente en todos los espacios con los que hemos trabajado. ¿Cómo articularnos de forma efectiva? ¿Cómo mantener activo un trabajo cohesionado y no debilitar nuestros propios espacios? ¿En qué ámbitos nos podemos articular? Claro, podemos compartir nuestras reflexiones, pero ¿cómo nos entreteje-
mos de manera política? ¿cómo nos autogestionamos? En vista de todo lo anterior, este 2016 nos propusimos otro objetivo. Con-
siderando que ya vamos en camino a situar a la sistematización de experiencias como una práctica necesaria dentro de la construcción de poder popular, y viendo el impacto positivo de la sistematización en las organizaciones que hemos apañado, nos hemos propuesto el desafío de difundir diversos productos que surjan de procesos de sistematización. Como ya dijimos antes, la sistematización sirve para mejorar la propia práctica, pero también sirve para poder compartir los saberes producidos en el proceso
con otras organizaciones. Es por todo ello que, a través del lanzamiento de este libro -editado por primera vez en Chile- buscamos precisamente ‘matar dos pájaros de un tiro’: por un lado, compartir con las organizaciones populares otro método efectivo para analizar críticamente nuestra práctica y mejorarla y, por otro lado, mostrar cómo este método es, precisamente, el resultado de un largo proceso de reflexión sobre la acción, una propia sistematización de un largo caminar (idea que Hernán refuerza al incluir en este libro un epílogo inédito, que cuenta detalles de cómo nació este método).

Este libro nos invita a cuestionar los vacíos, exclusiones, problemas, errores comunes, y más importante aún, a darle respuestas a estas grandes limitaciones al interior del campo popular organizado. Es una invitación a abrir discusiones y retomar el diálogo sobre factores políticos e ideológicos que, muchas veces parecen fuera de contexto de los trabajos comunitarios. El libro no pretende ser un recetario, sino todo lo contrario, una invitación a producir, colectivamente, aprendizajes desde abajo, ya sin preguntarle a la
academia o a las vanguardias políticas, poniendo en valor los aprendizajes que surgen desde nuestra propia práctica. Apuesta por la construcción de protagonismo popular, a través de la producción y socialización, de manera colectiva, de los saberes populares.

Junio 2017

Hernán Peralta y el perfil de las y los educadores populares nuestroamericanos

Daniel Fauré

Colectivo de Sistematización Militante Caracol – el apañe de los piños

En marzo del 2012, compañeros y compañeras del Colectivo Paulo Freire – Chile se enteraron que Hernán Peralta vendría a Chile por unos breves días. Era el momento, pensaron, de poder compartir los saberes de este educador popular con el colectivo y, además, con todas las organizaciones con las que tenían contacto. Esto porque la experiencia de vida de Hernán y su larga trayectoria como educador le daban un misticismo muy propio: chileno de nacimiento, pero que “los caminos de la vida” lo llevaron a ser todo un internacionalista, había pasado de la actuación a la radiofonía en un proceso donde, en paralelo, había desarrollado múltiples labores educativas populares que maduraron en un método que permitía a las comunidades populares pensar su propia práctica con un sentido revolucionario, transformador; un método para producir saber popular de manera colectiva, que lo había llevado finalmente a asentarse en la Venezuela chavista y, en conjunto con sus compañeros de la organización Promoción Sociocultural Churruata, a desplegar su trabajo, de forma silenciosa pero constante, con comunidades indígenas que lo validaban y esperaban año tras año para recomenzar el proceso de pensar y pensarse.

Entenderán que, con esos antecedentes, era evidente que teníamos que invitarlo. Un método así tenía que ser conocido.

Sin embargo, nos enfrentábamos a problemas logísticos no menores: la aplicación del método tomaba varios días (entre una a dos semanas) y era muy difícil que las compañeras y compañeros que se inscribieran en el taller que estábamos preparando pudieran destinar esa cantidad de días seguidos al aprendizaje: sea por razones de trabajo, estudio o por las diversas actividades de sus organizaciones. Por lo mismo, conversando con Hernán, acordamos un “plan intensivo”: acortar el proceso a tres días completos, desde muy temprano en la mañana hasta que se nos fuera el sol. Con esas condiciones, convocamos a 10 organizaciones hermanas y nos dimos cita en un pequeño pero acogedor local que conseguimos en Ñuñoa1.

El taller fue todo un éxito: una grata experiencia donde pudimos aprender a fondo del trabajo de las compañeras y compañeros presentes, desarrollando en una primera etapa la difícil tarea de escuchar “de verdad” a los demás, sopesando sus palabras, valorándolas, encariñándonos con su trabajo2. Y como todo lo dicho en el taller debía ser registrado en papelógrafos y luego pegado en las paredes -tarea que recuerdo muy bien porque me tocó ser el “escribano” de las tres maratónicas jornadas- literalmente nuestra experiencia organizativa comenzó a rodearnos muro por muro hasta que terminamos habitando una casa empapelada de techo a piso de nuestro trabajo, nuestros sueños y nuestra rebeldía, lo que facilitó el trabajo de “meterse en nuestra experiencia” para analizarla: ahí estábamos, una veintena de compañeras y compañeros sumergidos en nuestra practica, distinguiendo en ella procesos y categorías, analizando críticamente -desde dentro- nuestra propia historia3.

En todo ese proceso, Hernán fue un monitor claro y atento, pero con poco protagonismo. Su figura claramente no pasaba desapercibida: un hombre grande, de ojos profundos y una barba blanca que le daba un aire de “viejo sabio” de esta comunidad de educadores y educadoras populares reunida. Un monitor de mirada atenta, que se tomaba sus tiempos para responder, siempre de forma precisa y concisa. Muy amable, pero firme al momento de llamar la atención de algún compañero/a que -por mala costumbre- quería interrumpir la palabra y la experiencia de otro con su propia experiencia.

Desde mi posición de “escribano” en ese taller, no podía dejar de pensar -entre relato y relato- en Hernán y en el perfil que él demostraba en ese taller. Un perfil muy similar a otras grandes educadoras y educadores populares de América Latina: hombres y mujeres que, con miles de experiencias por contar y compartir, siempre prefieren ser los gestores de espacios donde la palabra se socialice, donde todos hablen en igualdad de condiciones, donde nadie se esconda en la comodidad del silencio. Hombre y mujeres que creen en la palabra como constructora de puentes entre las experiencias, y con una fe irrenunciable -y hasta a veces algo ingenua- en el otro y en la otra, en el pueblo como sujeto histórico. Un perfil que los lleva por el camino del hacer, pero los aleja del decir. Que guardan su propia experiencia para que la experiencia de las y los educandos sea la protagonista. Que no niegan su voz si se les pregunta, pero que prefieren que el aprendizaje surja desde la reflexión de las experiencias de vida de las y los educandos. Hombres y mujeres que consideran que el mejor taller es aquel donde el monitor habla lo menos posible.

Una apuesta político-pedagógica clara y contundente pero que, a su vez, lleva aparejado algunos riesgos, destacando uno que creo vital: que de tanto hacer, otras tareas intelectuales y educativas como relatar, sistematizar y teorizar sobre el trabajo realizado quedan relegados a segundo plano. Una apuesta donde los mejores educadores y educadoras populares siempre terminan siendo hombres y mujeres de mucha práctica pero poca escritura4. Por eso, desde el término del taller con Hernán comenzó a rondarnos la idea de que su método -que generosamente llevó impreso y nos regalo en el taller- debía ser publicado en nuestro país. Tremenda joya metodológica debía ser socializada.

Sin embargo, desde mi condición de historiador social, no dejaba de rondarme en la cabeza la idea de que Hernán nos contara de su propia experiencia de vida. ¿Cómo no sería interesante escuchar, desde sí mismo, sus peripecias con Víctor Jara, su paso por la China de Mao, por la Unión Soviética, por la Cuba revolucionaria? ¿Qué significó ser educador y hacer educación popular en esos territorios? Por si fuera poco, en esos días me encontraba realizando una investigación sobre prácticas de educación popular durante la Unidad Popular y sabía que Hernán había participado en una de las experiencias más interesantes de esa etapa y casi desconocida hoy: el Grupo de Motivadores de Comunicación en Terreno, como popularmente se les denominó, el grupo de “Los Saltamontes”.

Intenté en cada pausa, en cada almuerzo, sacarle algunas palabras a Hernán sobre dichas experiencias, pero él, con habilidad, esquivó la mayoría de mis preguntas, restándose protagonismo. Todo eso hasta ahora, cuando cuatro años después, lo volvimos a contactar para contarle de nuestras intenciones como Caracol – el apañe de los piños de publicar su “Cómo hacer para saber qué hacer”. Fue en esas conversaciones, en esos correos de ida y vuelta entre Venezuela y Chile cuando volvimos a insistir: ¿Y si te animas a escribir una pequeña biografía para que te conozcan las organizaciones de Chile? -le preguntamos-. Y con sorpresa y alegría recibimos su aprobación.

Ahora, claramente, Hernán no puede dejar de ser quién es, no puede traicionar este perfil que comparte con las grandes educadoras y educadores populares del continente. Es decir, no puede traicionar su rol de ser un facilitador de la palabra popular aunque ello implique restar su palabra. Y, metido en ese rol, no nos sorprendió que nos regalara el texto que viene a continuación, con su particular característica: ser un potente relato donde nos va contando diferentes etapas de su vida, por el Chile de la Unidad Popular, por la URSS, por Cuba, por Venezuela. Sin embargo, sorprendentemente, un relato donde el protagonista no es él, sino su método, el mismo que permite que muchas comunidades populares produzcan su propio saber. Así, la historia que nos regala Hernán es una serie de ventanas a diferentes pasajes de su vida donde el centro de la historia son las experiencias que vivió y que le fueron generando preguntas y certezas que Hernán fue integrando y mezclando, hasta que se fue construyendo su Método. Donde nos enseña que es la vida misma la que nos interpela y nos obliga a tomar posición, la que nos coloca los problemas pero, muchas veces, nos muestra también la solución. Que la respuesta siempre está en la realidad misma.

Por todo ello, la invitación ahora es a leer estas ventanas y descubrir como nuestro compañero Hernán fue encontrándose con personas y situaciones que le dieron pistas para construir su ya reconocido “Método de análisis colectivo con registro abierto”. Un método de investigación-acción que no lo transforma a él en un intelectual reconocido -pudiendo hacerlo-, sino que permite que cualquier persona u organización popular pueda -a partir solo del diálogo y la reflexión colectiva- construir saber popular transformador.

Agradeciéndole de nuevo, de forma pública, a Hernán por estas líneas que vienen, esperamos que las disfruten y les motiven a seguir construyendo saber y poder popular.

1El taller se denominó “Acerca de un método para el Hacer Comunitario” y contó con la participación de compañeras y compañeros del Movimiento de Trabajadores Clotario Blest, la Escuela Popular Ñuñohue, la Escuela Itinerante A Pata Pelá, la Coordinadora Popular Huamachuco, el Movimiento de Pobladores en Lucha, Centro Cultural Sátira Eutanasia, el Movimiento de educación popular Eduardo Galeano, los Talleres de Historia, Colectivo Armando y el Colectivo Paulo Freire – Chile.

2La primera parte del taller, como relata Hernán, consiste en que cada uno relate de manera objetiva su trabajo organizativo. Un relato que debe ser escuchado por los demás dure lo que dure, sin interrupciones, con atención y respeto. Esto fue, claramente, todo un desafío porque ponía a prueba nuestra capacidad de escucha y colocaba un freno a todas esas ganas de analizar y evaluar a los otros y colocar nuestra propia experiencia primero, vicios que muchas veces nos impiden colocarnos en el lugar del otro para entender su contexto y, desde ahí, su propuesta política. Una etapa del taller larga, pero que fue muy agradecida por las y los participantes, señalando incluso que fue una instancia donde “por primera vez los escuchaban de verdad”.

3Una síntesis del desarrollo y los resultados de este taller fue publicado como: Colectivo Paulo Freire – Chile (2012): “Metodología de análisis colectivo con registro abierto. Documento de síntesis”. En: Revista de Pedagogía Militante Diatriba, N°2, Santiago: Editorial Quimantú.

4Acá no puedo dejar de pensar, para el caso chileno, en los dos educadores populares más importantes de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días: Juan José Silva y Luis Bustos. Reconocidos en muchos territorios, formadores de -literalmente- miles de educadores y educadoras populares a lo largo de nuestro país, hombres de una experiencia y sabiduría infinitas pero que muy pocas veces han traducido esa experiencia en formato escrito lo que, a su vez, ha impedido que su reflexión circule e impacte de mayor manera en otros espacios como la la educación formal, en general, y la academia, en particular. Un problema que no es desconocido para ellos, pero que es asumido como parte de los costos de su apuesta político-pedagógica, centrado en las comunidades y no en las instituciones. Como muestra de esta consciente apuesta, me permito contar una pequeña anécdota: en el mes de marzo del 2016, me tocó dirigir un taller de educación popular y elaboración de material educativo junto a Luis Bustos en la ciudad de Valparaíso. En determinado momento, los grupos de trabajo estaban tan “metidos” en su labor, de forma tan autónoma, seria y comprometida -precisamente porque le encontraban un sentido práctico al taller- que Luis me comenta: – “¿Te das cuenta que, en este momento, podríamos perfectamente irnos de la sala, a tomar un café, y nadie se daría cuenta de nuestra ausencia? Es más, ¡a nadie le importaría nuestra ausencia!”. La tarea estaba cumplida: habíamos creado las condiciones para que las y los educandos aprendieran autónoma y colaborativamente, haciendo incluso innecesaria la figura de un “profesor”. De eso se trata esta apuesta.