El modus operandi del poder de los de arriba

Cada vez que el poder de los de arriba ha cometido un crimen contra el pueblo -mestizo o mapuche-, su estrategia ha sido la misma: victimizarse y responsabilizar al pueblo de su crimen. Cuando en 1999 asesinaron al estudiante Daniel Menco, nos dijeron que fue un accidente, hasta que su mentira cayó y se demostró que fue una bala de Carabineros la que terminó con la vida del universitario. ¿Se acuerda cuando mataron a Alex Lemún, el 2002, y a Matías Catrileo, el 2008? En ambos casos dijeron que fue un enfrentamiento, hasta que se demostró que habían sido asesinados. ¿O el caso de Manuel Gutiérrez, el 2011? Esa vez el Gobierno y Carabineros señalaron que Manuel fue herido por los manifestantes de Lo Hermida, negándose a investigar, hasta que la presión social hizo que su asesino -un carabinero que ni siquiera estaba de turno- se entregara y cayó el montaje. ¿Se acuerda de Macarena Valdés, líder ambientalista de Panguipulli y férrea opositora al proyecto de hidroeléctrica en el sector de Río Tranguil? El mismo modus operandi: el Servicio Médico Legal señaló que se había suicidado, hasta que una nueva autopsia de la familia demostró que fue asesinada.

Nada de esto es casual. No son hechos aislados. Es una política de Estado mandatada por el Mercado. Lo hacen porque saben que funciona: que su poder comunicacional es tan grande que pueden replicar la mentira hasta que una parte importante de nuestro pueblo se la cree. Y con eso les basta.

Y también sabemos el por qué lo hacen. Esta estrategia -que viene desde la Dictadura Cívico-Militar y ha sido muy bien aplicada por la ex Concertación (actual Nueva Mayoría) y, hoy, por la derecha de Chile Vamos (ex Alianza por Chile)- solo busca frenar el avance de los pueblos. Una estrategia macabra que, en el caso del pueblo mapuche, se ha sostenido en el uso de diversas tácticas: aplicación de la ley anti-terrorista, doble procesamiento por la justicia chilena (civil y militar), el uso de testigos sin rostro o con testimonios dados bajo tortura, entre otras; tácticas que buscan criminalizar a las comunidades y frenar el proceso de autonomía y recuperación de territorio del pueblo nación mapuche. Tácticas y estrategias que proponen una pedagogía del capítal: que buscan por el terror que usted aprenda que, en este contexto, vale más la propiedad privada que la vida humana.

Una pedagogía de la memoria: nuestra apuesta

Para frenar esta máquina de mentir y criminalizar, las educadoras y educadores populares de esta larga y angosta franja de tierra tenemos que organizarnos. Las comunicadoras y comunicadores populares debemos aunar esfuerzos.

En primer lugar, debemos coordinar las fuerzas para hacerle frente al gigante comunicacional del poder de los de arriba. Tienen el dinero a su favor, pero no la verdad. Por eso, hay que multiplicar la conversación fraterna con la pareja, la familia, la vecina, la persona que va sentada a su lado en la micro o en el metro, con la gente de la pega, del liceo o de la universidad. ¡Todo espacio es un espacio contrainformativo! Hay que utilizar con inteligencia las redes sociales y, nunca olvidar, volver a la calle  una y otra vez a gritar el descontento: la calle, ese espacio donde se olvida el yo, porque vuelve a nacer un nosotros, un nosotras.

En segundo lugar, hay que construir una pedagogía de la memoria: multiplicar los espacios político-pedagógicos donde recordemos las luchas pasadas y presentes, donde expliquemos las causas de nuestras luchas populares y clarifiquemos quienes son pares y quienes son oponentes; donde las luchadoras y luchadores asesinados vuelvan a la vida en el recuerdo. De esa forma, por ejemplo, no olvidaremos tan fácilmente que los fusiles de asalto y las tanquetas en la Araucanía no las inventó Piñera, sino que se instalaron durante la Dictadura Cívico-Militar y se multiplicaron en los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, con Pérez Yoma y Harboe a la cabeza. Información importante de recordar para evitar que los asesinos de ayer se vistan de aliados hoy.

El problema de fondo y las exigencias populares

Acá no hay que perderse, el problema de fondo sigue siendo la lucha -abierta o solapada- entre el poder de los de arriba contra los pueblos. Una lucha donde los de arriba buscan imponer su modelo económico capitalista extractivista y usan para ello el terrorismo de Estado y una cultura racista y colonial contra las comunidades mapuche.

Y ello perdurará hasta que los pueblos nos unamos. Así de fácil. Así de complejo. Mientras trabajamos para esa unidad, como Colectivo de Sistematización Militante Caracol – El apañe de los piños, creemos que es clave que como pueblos nos juntemos y levantemos algunas exigencias:

 

  • Exigimos la eliminación del Plan Araucanía, la desmilitarización del territorio del pueblo nación mapuche y el retiro del “Comando Jungla”.
  • Exigimos verdad y justicia frente al asesinato de Camilo Catrillanca.
  • Exigimos escuelas rurales libres de violencia estatal, donde las niñas y los niños mapuche puedan estudiar sin sufrir cotidianamente los allanamientos de la policía chilena.
  • Exigimos respeto a la autonomía del pueblo nación mapuche.

 

Exigencias mínimas, pero indispensables, para que la larga lista de mapuche asesinadas y asesinados en esta democracia empresarial no haya sido en vano.

 

En memoria de:

 

Jorge Antonio Suarez Marihuan (2001)

Agustina Huenupe Pavian (2002)

Mauricio Huenupe Pavian (2002)

Edmundo Alex Lemunao Saavedra (2002)

Julio Alberto Huentecura Llancaleo (2004)

Zenén Alfonso Diaz Nécul (2005)

Jose Gerardo Huenante Huenante (2005)

Lonko Juan Lorenzo Collihuin Catril (2006)

Matias Valentin Catrileo Quezada (2008)

Johnny Cariqueo Yañez (2008)

Jaime Facundo Mendoza Collío (2009)

Rodrigo Melinao Lican (2013)

José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil (2014)

Victor Manuel Mendoza Collío (2014)

Camilo Catrillanca Marín (2018)

 

Colectivo de Sistematización Militante

Caracol – El apañe de los Piños

Santiago, 19 de noviembre de 2018