La invitación nos había llegado hace unos meses: compañeras y compañeros de la Cuarta Región habían decidido levantar una escuela popular al servicio de todas las organizaciones de la región. Abierta y fraterna. Sencilla y rebelde. Como nuestro pueblo. Decidimos apañar, compartir lo que sabemos y, lo que no, aprenderlo de ellos y ellas. Así, partió la gira caracolera a la cuarta región, con las mochilas llenas de libros, materiales educativos y mates para compartir…

DÍA 1: Viernes en la tarde. La Casa Roja (La Serena).

Convencidos todo el viaje de que íbamos a Coquimbo, nos enteramos al llegar que el lugar de reunión es en La Serena. No sería el primer error de ubicación, de todos modos. Llegamos sobre la hora a la Casa Roja, donde una treintena de compañeras y compañeros nos esperan. El espacio es cálido, amplio y, tras los muros exteriores pintados de un riguroso rojo intenso -si, efectivamente la Casa Roja es… una casa roja-, su interior está lleno de colores. Refugio de talleres cooperativos, de arte, medicina natural y de una librería con muchos textos rebeldones.

Rodrigo, uno de los organizadores, abre los fuegos con una presentación de la escuela y de la luchadora -anarcosindicalista y feminista- Teresa Flores, que re-emerge desde la memoria popular y pareciera que se sentara junto al grupo a guiarnos en los pasos a seguir. El rito sigue: Álvaro y Cota interpretan sendas canciones que aleonan el ambiente.

Partimos con nuestro taller de introducción a la educación popular basado en diferentes “estaciones” que las y los participantes recorren con entusiasmo. Partimos con risas, seguimos con reflexiones, continuamos con representaciones y terminamos con una larga conversación que nos hace pasarnos mucho de la hora de término oficial. A pesar de ello, nadie se fue antes. A esa hora, hay mucho calor humano sumado de una muy potente afinidad política entre las y los participantes. Como si nos conocieramos hace mucho tiempo. ¡Qué bien se siente la complicidad entre organizaciones!, ¿no?

La gente se despide con cariño. Algunos se mueven a un bar cercano para continuar la conversa. Sin embargo, se retiran temprano. Mañana, la escuela sigue…

DÍA 2: Sábado en la mañana. La Casa Roja (La Serena)

El rito continúa con un desayuno reponedor mientras el Negro, imponente perro que cuida la casa, se pasea entre las y los comensales como uno más. Comenzamos el día jugando. “Técnicas de simulación” les llamamos: pequeños ejercicios donde nos re-creamos y ensayamos formas de organización popular. Luego, la conversación gira en torno a la historia de la educación popular en Nuestramérica y en Chile, el aporte de Paulo Freire y su forma de concebir la concientización y cómo traerla al presente.

Terminamos, otra vez, con ritos: mística, juegos y abrazos de caracol que nos hacen sentir un nos-otros, un nos-otras. Luego, Luz nos invita, con fraterna claridad, a organizar el almuerzo: “nada de actividad complementaria, el almuerzo es un ejercicio comunitario que se organiza entre todos y todas” -nos dice-. Comemos, reímos y conspiramos en la sobremesa.

DÍA 2: Lanzamiento de la Revista Caracol

Una larga mesa expone los libros que llevamos. La mayoría de ellos editado por nuestros compañeros y compañeras de la Editorial Quimantú, más un puñado de materiales educativos que llevamos nosotros. La idea es que sirvan como telón de fondo para la presentación de nuestra Revista Caracol, pasquín donde compartimos saberes sobre educación popular, comunicación popular y sistematización militante. Sin embargo, el material dura poco: las y los participantes los revisan con entusiasmo, nos señalan su utilidad para sus trabajos comunitarios o sus reflexiones colectivas e individuales. A dos horas del lanzamiento de la revista, ya no queda material educativo: lo hemos vendido todo.

Pero salimos jugando: vemos algunos videos para motivar la conversación, luego Diyei No -militante caracolero-, cuenta la historia de nuestra organización y Dani Fauré -caracolero también- explica los contenidos de la revista.

No podemos terminar sin un pequeño taller: cuchicheamos, imaginamos colectivamente revistas posibles y lo compartimos. Una conchita de caracol pintada en un papelógrafo va siendo rellenada con todas las ideas de lo que el grupo considera que debiera llevar una revista que busca estar al servicio de las organizaciones populares. Celebramos los acuerdos y cerramos la jornada. Llamamos a Santiago disimuladamente: “¡Paren las prensas! ¡El segundo número de nuestra revista tiene que incluir algunas de estas ideas!”

Celebramos el éxito de la escuela compartiendo una cena con las y los organizadores en una casa cercana. Nos confiesan que siempre pensaron que Caracol era de Valparaíso y no de Santiago. Recién ahí entendemos porqué la gente nos miraba extrañados cuando hacíamos referencias a la capital y porqué nos preguntaban siempre por el puerto y sus organizaciones. Les contamos de nuestra confusión entre Coquimbo y La Serena. Estamos empatados. Reímos mientras pensamos si no es mala idea trasladarnos a las tierras del Wanderers y del pan batido…

DÍA 3: Caleta de Guayacán, Coquimbo

Ahora si llegamos al puerto aurinegro. Guayacán está de fiesta con cierre de calle y actividad cultural incluída. Llevamos los libros que nos quedan aunque nuestro puesto es una excusa para encontrarnos y seguir conversando con diversos compañeros y compañeras que llegan a la actividad. Mientras de fondo se escucha rap, poesía y trova, se suceden las conversaciones cómplices, las risas, la planificación de nuevas actividades y sandwiches de merluza tamaño familiar. La hora avanza y retardamos nuestro regreso hasta el límite. Desde el escenario, se saluda la presencia de diversas organizaciones, entre ellas, al Colectivo Caracol de… ¡Tierras Blancas!

DÍA 4: Ruta 5 Norte

La madrugada del lunes nos pilla entre Tongoy y Los Vilos. Diyei No se concentra en el volante del “caracomóvil” mientras Dani pone a La Polla Records en la radio para combatir el sueño y alimentar la rabia. Prometimos volver a la Escuela Popular Teresa Flores para compartir lo que sabemos de sistematización, aún sin fecha exacta pero con más ganas que nunca. Conversamos un par de horas sobre lo potente del espacio y lo que “alimenta” el encontrarnos entre compañeros y compañeras de lucha.

La prefiguración es la capacidad de poder construir, hoy, en “micro” aquella realidad nueva -anticapitalista, anticolonial, antipatriarcal- que queremos construir en “macro”. Y esa capacidad prefigurativa es, quizás, el principal aporte de la educación popular a las luchas populares: el gestar espacios donde podamos sentir, ver, tocar y abrazar un pedacito de realidad sin explotación y opresión. Por eso, hay que “pasar por el cuerpo” el ejercicio educativo popular.

Las últimas horas del viaje pensamos en cómo, para el próximo viaje, nos conseguimos un “caracolmóvil” más grande, para que todo Caracol pueda venir a “pasar por el cuerpo” la cálida rebeldía de las organizaciones de la Cuarta Región. O quizás debiéramos conseguirnos una micro, para que quepan también las orgas de Valparaíso, nuestra segunda casa…

Escrito por: Carola, la caracola (vocera de Colectivo Caracol – El apañe de los piños)