A nuestros compañeros y compañeras de organizaciones populares hermanas con las que construimos a diario una realidad “otra”, justa y digna.

A las personas que están en las calles colocando -literalmente- el pecho y los ojos a las balas del gobierno de Piñera:

Hace unos días, compartimos algunas impresiones rápidas sobre la coyuntura actual[1]. Sabemos que el ritmo de la movilización hace difícil que tengamos tiempo para reflexionar y escribir, pero -aunque sea en pequeños textos- debemos compartir insumos  que enriquezcan nuestro diálogo y proyección.

Fieles a la educación popular, creemos que toda acción política incluye una denuncia y un anuncio. Denuncia de la situación opresora y anuncio de la nueva realidad. En este pequeño escrito, nos centraremos en lo primero.

1. El gobierno de los empresarios -contrario a las dos primeras semanas en que fue algo más errático- definió una estrategia para enfrentar la protesta social y revuelta popular que ha mantenido estos días. Está intentando pasar del desgaste a la guerra de baja intensidad. Si bien la estrategia es sangrienta, al menos nos da una posibilidad como pueblo organizado para generar otra, desde abajo, y enfrentarla.

2. El Desgaste: Piñera, desde la salida de los militares de la calle hasta este jueves 7 de noviembre, encaró la  protesta social y rebelión popular como si fuera una huelga de una de sus empresas. Se negó a negociar, ofreció pequeñas migajas para aparentar que recogía las demandas sociales pero, en el fondo, simplemente esperó. Creyó que el tiempo era su mejor aliado, ya que el pasar de los días tiende a desgastar la movilización y genera fisuras entre la gente movilizada. El problema de su estrategia fue su lectura de contexto: la protesta social y popular no es por una reinvindicación menor sino por un cambio de modelo; y, como el pueblo apuesta a cambiarlo todo, la distancia que se generó entre las migajas que ofreció y lo que demanda la calle se hizo tan grande y notoria con el paso de los días, que fortaleció y radicalizó su actuar,  debilitando la imagen de su gobierno que solo cuenta con el apoyo de la derecha más dura (9,1%). Por ello, es clave que mantengamos como pueblo la demanda por un cambio radical de modelo (y nada menos), ya que ello es lo que permite que la estrategia del desgaste caiga definitivamente por su propio burdo peso.

3. La guerra de baja intensidad: La novedad de estos días -sobre todo después del llamado al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) y la agenda de criminalización de la protesta social que anunció el jueves 7 de noviembre pasado- es que la declaración de guerra que Piñera hizo contra el pueblo el 21 de octubre no se terminó con el fin del estado de excepción. Al contrario, ahora volvió y para quedarse, con la única diferencia de que será ejecutada solo por las fuerzas de orden público, sin ayuda militar. Por eso la llamamos de “baja intensidad”, no porque no sea letal contra nuestro pueblo, sino porque no se basa en grandes ejércitos invadiendo territorios, sino en la labor constante de represión militar, pero implementada por carabineros en cada manifestación social. Esta estrategia se divide en tres subestrategias:

3.1 Guerra física: Debemos colocarle nombre a las cosas. No estamos viviendo una “situación de violencia” como nos dice la clase política civil y su prensa. “Situación de violencia” sería una serie de peleas callejeras entre civiles. Cuando el Estado ocupa el monopolio de la violencia contra la ciudadanía que le entregó esa potestad para defenderla, se llama “Terrorismo de Estado”. Este gobierno es terrorista y, como tal, debe ser enfrentado y juzgado. Todo el pueblo que está en la calle sabe que está enfrentando una violencia sistemática que viene planificada desde arriba. La tesis de los “excesos” de algunos uniformados es imposible de sostener cuando, a la fecha, tenemos más de 20 asesinados[2], entre 2.009 (INDH) y 2.500 personas (Cruz Roja) heridas por armas del ejército y de Carabineros -entre ellas 197 con mutilación de uno o ambos ojos-, más de 900 personas encarceladas por Ley de Seguridad Interior del Estado o acusadas de maltrato a la policía (CODEPU), 192 querellas por tortura y 52 por abuso sexual (INDH); y donde además se han descubierto ya tres centros de detención y tortura ilegales (Metro Baquedano, Antofagasta y Maipú). Por ello, hay que decir las cosas por su nombre: estos no son “excesos”, es una política de represión, tortura, violación, mutilación y exterminio mandatada desde la Presidencia de la República. Y esa política incluso viola las normas internacionales de una guerra: acá se ha atacado a colegios (Liceo 7 de Niñas, en Santiago) y a Hospitales (Hospital Dr. Gonzalo Fricke en Viña del Mar).

3.2 Guerra comunicacional: Esta segunda declaración de guerra responde al control de los medios de comunicación. Desde la reunión de la presidencia con los directores de canales de televisión (denunciada el 26 de octubre pasado), sus líneas editoriales han sido intervenidas, siendo los casos más evidentes Canal13 y La Tercera. La orden fue clara: no hablar de las Violaciones a los Derechos Humanos y no mencionar nada sobre la Acusación Constitucional contra Piñera. Sin embargo, esta apuesta ha sido insuficiente y se ha visto resquebrajada por la distancia abismal que existe entre lo que se reportea o se muestra por la pantalla y lo que se ve en la calle -y/o difunde en redes sociales-. Por ello el poder ha ideado otros trucos. En esa línea se puede entender la iniciativa de sectores de la burguesía -grandes empresas como Agrosuper y Sutil- de retirar sus aportes a CNN para así exigir una modificación en su línea editorial. Todo esto sumado al llamado derechamente fascista que han hecho, abierta o solapadamente, los medios y sectores de la derecha a que “los vecinos” se armen contra la “delincuencia”, en una versión 2.0 del llamado a los “chalecos amarillos” y que hoy domingo estuvo a punto de cobrar su primera víctima fatal en Reñaca.

3.3 Guerra Psicológica: La semana de terror vivida con los militares y Carabineros en las calles reprimiendo tuvo un efecto: aumentó nuestra tolerancia a la violencia estatal. Esto no es una casualidad, acusamos que es una política del gobierno de los empresarios. Y cada día, esta violencia se va incrementando a partir de pequeñas acciones que van corriendo el marco de la tolerancia a la represión un paso más atrás, hasta arrinconarnos. Un día, Fuerzas Especiales de Carabineros balean a estudiantes en el patio de un liceo; al otro, disparan gases lacrimógenos y balines al interior de un Hospital; al otro, se descubren sus seguimientos policiales a líderes sociales; al otro, golpean a personas en sillas de ruedas; al otro, dejan ciego a un manifestante mutilándole ambos ojos con balines. Y así, suma y sigue. El resultado: miedo a movilizarse y insensibilidad frente a la violencia. ¿Qué más debe pasar para que empecemos a llamarle Dictadura?

4. Frente a esto, se han levantado coordinadoras -como el Bloque Sindical de Unidad Social- que han sintetizado las demandas populares en un petitorio, denominado el “Pliego de las trabajadoras y trabajadores” y que es la base para el llamado a Paro Nacional para este lunes 11 y martes 12 de noviembre. Este petitorio incluye:

1.- Discusión inmediata de un salario mínimo nacional de $500.000 líquido para trabajadores y trabajadoras del sector público y privado.

2.- Reconocimiento Pleno de la Libertad Sindical: Negociación Colectiva Ramal y respeto del Derecho a Huelga como derecho fundamental.

3.- Pensión mínima equivalente al salario mínimo que se propone.

4.- Canasta de servicios básicos protegidos (agua, luz, gas, teléfono, cable, internet).

5.- Sistema único de transporte, administrado por el Estado, y considerado como derecho social.

6.- Reducción de la Jornada de Trabajo.

7.- Salud, Educación y vivienda como Derechos sociales.

8.- Derechos Humanos:  Investigación, juicio y castigo de las violaciones de los derechos humanos que se han ejercido durante el llamado “Estado de excepción”.

9.- Presupuesto Fiscal 2020 centrado en la protección de derechos sociales de los chilenos y chilenas.

10.- Nueva Constitución Política vía Asamblea Constituyente

Si bien este esfuerzo de síntesis es valorable, olvidan un punto fundamental que cualquiera que haya estado en un caceroleo, marcha, cabildo, asamblea o barricada ha escuchado: la renuncia de Piñera. Creemos que este punto es fundamental porque la política de represión, tortura, violación, mutilación y exterminio en contra del pueblo movilizado ha sido de tal magnitud que cualquier victoria parcial o total que se consiga de ese petitorio sin incluir el fin de este gobierno dictatorial implica una lección implícita para la clase política civil y militar: cualquier gobierno que salga elegido por las urnas puede masacrar la protesta social sin tener que pagar consecuencias. Por respeto a nuestro pueblo que ya sufrió la Dictadura Civil Militar de Pinochet y su posterior impunidad (hasta nuestros días), necesitamos una política de “Nunca Más” real, no solo en el discurso. Si efectivamente no queremos que se vuelvan a violar los derechos humanos de nuestro pueblo, no podemos permitir que un gobierno elegido por las urnas lo haga sin tener que pagar por ello con su salida inmediata.

5. Por ello, creemos y sentimos que es necesario establecer un “Pliego del Pueblo” de carácter urgente sin el cual es muy difícil que logremos avances. Este pliego debería considerar dos grandes puntos:

Dimisión del Gobierno de Piñera (por planificar e implementar una política sistemática de represión, tortura, mutilación, violación y exterminio del pueblo)

– Instauración de un Gobierno provisional con tres tareas en el corto plazo:

a) Creación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación que haga del “Nunca Más” una política de Estado, no solo una frase.

b) Convocatoria a una Asamblea Popular Constituyente

c) Convocatoria a nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias.

6. Para lograr articularnos en este “Pliego del Pueblo”, no se puede parlamentarizar el conflicto. Hemos sido testigos de cómo la clase política civil en su conjunto (con muy pocas excepciones), se ha unificado para defender este modelo de democracia de baja intensidad. Cuando Piñera intervino los medios de comunicación fue porque sabía que lo único que podía darle un horizonte a corto plazo a esta movilización social y popular era la convocatoria por su renuncia, debido a las violaciones a los derechos humanos (¡eso  fue lo que sacó a dos millones de personas a la calle el 25 de octubre!). Y no solo Piñera lo sabía. Lo sabían también todos los partidos políticos. Ninguno tuvo el coraje para recoger esa demanda social. La cobardía con la que se cuadró la clase política para impedir una acusación constitucional contra Piñera lo demuestra. Saben que, de caer Piñera por vía legal, ellos también caerán. Por lo mismo, la salida popular a esto debe ser manteniendo la protesta social y la ingobernabilidad, avanzando hasta el paro nacional total. Los trabajadores y trabajadoras movemos cada día el país, y también podemos detenerlo. Sobre todo si sumamos nuestras fuerzas con la presión internacional contra la Dictadura de Piñera (que se manifiesta transversalmente y por razones muy diversas: desde la solidaridad espontánea de otros pueblos del mundo hasta el pavor de los capitalistas especulativos que, tras el llamado de JP Morgan, están retirando sus inversiones del país)

7. La protesta social y rebelión popular nació -como tantas otras veces- de la hermosa rebeldía secundaria, pero se ha mantenido gracias a la fuerza territorial local y el copamiento de las grandes plazas de nuestras ciudades. Por ello, hay que seguir apostando por transformar esa protesta en organización, levantando, acompañando, fortaleciendo cada asamblea territorial que se ha constituido, sin soltar la calle. Al mismo tiempo, hay que avivar los procesos de articulación de estas asambleas para que, en el brevísimo plazo, estas coordinadoras se hagan visibles en el debate y se levanten como interlocutoras válidas. Por ello, saludamos la iniciativa de las dos coordinadoras que se están levantando en la Región Metropolitana y llamamos a que busquen la forma de unificarse en breve.

8. La izquierda parlamentaria no está a la altura del momento. Su incapacidad de convocar, conducir el conflicto, aunar petitorios u ofrecer planes de acción, es lamentable. Además, al no ser golpeados por la represión, sus llamados a frenarla son tibios y acomodaticios. Sin embargo, aún tienen una salida para ser un aporte: ser la vocería de lo que el pueblo demanda. Dejar la calculadora al lado (como los llamados a pensar en las municipales) y sumarse a la lucha por sacar a este gobierno dictatorial. Estamos en una situación muy similar a la de 1983 cuando el pueblo se levantó contra la tiranía y la potencia de la protesta era suficiente para derrocar al tirano. Ustedes tienen que elegir si se suman al pueblo bravo que está siendo masacrado en las calles o nuevamente pasan a la historia como aquellos que aceptaron el calendario impuesto por el régimen y lo dejarán terminar su mandato en impunidad.

9. Para aquellos que plantean que el término anticipado del gobierno no constituye una victoria popular, les pedimos un poco de humildad. ¡Qué mayor victoria para nuestro pueblo valiente que saber que cuando un gobierno lo masacra tiene todo el derecho a levantarse y tumbarlo! Ese aprendizaje puede constituirse en la base que asegure no solo una victoria presente, sino un futuro donde el pueblo sea protagonista, y no mera comparsa electoral. Un futuro donde quede claro que cada representante debe someterse a la voluntad popular. Es decir: una democracia real. Aprendan a confiar en su propio pueblo y dejen la soberbia al lado. Entendemos la importancia de la Asamblea Constituyente como eje articulador, pero no lo haremos olvidando a nuestros muertos y muertas.

10. Frente a la propuesta desmovilizadora de este gobierno manchado de sangre de convocar a un Congreso Constituyente, debemos responder con una campaña masiva de educación popular que desenmascare este engaño. ¡La clase política que creó, administró y defendió este modelo político, económico y cultural injusto no tiene la legitimidad para redactar una nueva constitución! ¡Los que nos llevaron a esta crisis no van a ser quienes nos saquen de ella!

¡A no bajar la movilización hasta que caiga este malgobierno!

¡El nuevo Chile lo haremos desde abajo y sin permiso!

Colectivo Caracol – El apañe de los Piños

Educación Popular – Comunicación Popular – Sistematización Militante

Domingo 10 de noviembre de 2019


[1]          Ver: http://colectivocaracol.org/?p=763

[2]     ¿Se dieron cuenta que el INDH ya no informa diariamente la cantidad de fallecidos o fallecidas? Se sabe de nuevos casos de muerte que, sencillamente, no están siendo reportados. Debemos generar una plataforma alternativa que nos permita pesquisar esos casos.


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