Una intensa rabia y sensación de perplejidad se ha desatado por redes sociales después de las declaraciones que diera ayer jueves 21 de noviembre el General de Carabineros Enrique Bassaletti, jefe de zona este de la Región Metropolitana, saliendo al paso de las críticas por el uso de escopetas antimotines durante la jornada del jueves en la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia) contra el pueblo movilizado, pese a que un día antes el General Director Mario Rozas había suspendido su uso después de que la Universidad de Chile demostrara que, contrario a lo que señalaba Carabineros, estos balines eran letales -y no “de goma” como ellos aseguraban-.

Es importante decir que estas declaraciones no se dieron por las denuncias que circulaban por redes sociales de nuevos y nuevas manifestantes heridas por balines, sino porque dos de esos proyectiles impactaron a un camarógrafo de Chilevisión, lo que permitió que se rompiera el cerco mediático.

Para explicar el hecho, Bassaletti señaló: “Voy a hacer una analogía que no sé si es tan feliz, pero la voy a hacer igual (…) Nuestra sociedad podríamos decir que, en este último tiempo, en estos últimos treinta y pocos días, está enferma de una enfermedad grave. Supongamos que sea un cáncer, ojalá que no lo sea y que tenga solución, pero cuando el tratamiento al cáncer se hace con quimioterapia, en algunos casos, y otros con radioterapia, y cuando se busca solucionar ese problema, en el ejercicio de esas herramientas médicas, se matan células buenas y células malas“.

Para nuestro pueblo, que tiene memoria, las palabras calaron hondo ya que son muy similares a las que el General golpista Gustavo Leigh señaló en 1973: “Hay que extirpar el cáncer marxista”.

¿Coincidencia? En ningún caso. Acá te explicamos las razones.

Las Fuerzas Armadas en nuestro país vivieron un proceso de “profesionalización” desde finales del siglo XIX, el que también desarrollaron varios países de Nuestramérica. En dicho proceso, por el colonialismo propio de nuestras élites, se pensó que para “profesionalizarlas” se debían copiar los modelos de ejércitos europeos, por ejemplo, del ejército francés y del prusiano. En nuestro país se optó por el segundo (por eso los uniformes de las fuerzas armadas chilenas hasta hoy tienen reminiscencias alemanas: como el color gris o los cascos stahlhelm).

Los militares prusianos que arribaron a nuestro país a reformar por completo a las fuerzas armadas no eran sujetos neutrales (¿alguien puede serlo?) sino que portaban una visión de mundo que conocemos como corporatismo o corporativismo. En palabras simples, el corporatismo es una ideología que señala que las sociedades son “cuerpos vivos”, por ello tienen un proceso de nacimiento, crecimiento, apogeo, crisis y decadencia. Dentro de ese “cuerpo social”, cada órgano debe cumplir con su función sin buscar salirse de ella. Es decir, hay sujetos cuya función es pensar o mandar, y otros deben trabajar y obedecer. Para el corporatismo, lo que puede mantener unido este cuerpo social es un pegamento llamado “patriotismo”, el que no puede cuestionarse, solo debe “sentirse”.

El elemento fundamental en esta historia es el rol que cumplirían las FF.AA. y de Orden en esa ideología: ellas serían el “alma” del cuerpo o, como ellos mismos lo señalan, la “reserva moral última de la Nación”. Por ello, no serían deliberantes y solo intervendrían cuando ese cuerpo social se vea atacado desde fuera o cuando algún “agente externo” se filtre y ataque a ese cuerpo social desde dentro. Bajo esa ideología, el Ejército chileno justificó las masacres contra el movimiento obrero ocurridas en los primeros años del siglo XX (1903 en Valparaíso, 1905 en Santiago, 1906 en Antofagasta, 1907 en Iquique, por nombrar algunas de las brutalmente emblemáticas) ya que, según ellos, las manifestaciones obreras pacíficas que solicitaban a los gobiernos de turno una mejor calidad de vida -en medio de lo que se conoció como “la cuestión social”- no eran sino intentos por quebrar el cuerpo social, ya sea porque la clase obrera no quería cumplir su función o porque estaría “infiltrada” por agentes externos que querían romper ese cuerpo social.

Esa ideología, evidentemente, consideró que sus enemigos fundamentales eran todas aquellas ideologías que plantearan que ese cuerpo social no existe, o que no es un cuerpo unido sino diversos grupos que pueden tener intereses diferentes o incluso contrapuestos. Por eso, el corporatismo se declaró abiertamente antimarxista, pues considerar la posibilidad de que las sociedades no son sino diversas clases sociales que, a menudo, tienen proyectos e intereses antagónicos y que en función de ello se enfrentan (lucha de clases), les rompía por completo su ideal.

Ese corporatismo es la base ideológica de lo que después llamaremos el fascismo y, cuando a algunos les dio por incluir en esta teoría la necesidad de que esos “cuerpos” tuvieran, en su fase de apogeo, la necesidad de tener un “espacio vital” donde expandirse, le empezamos a decir nazismo.

Ya en el siglo XX, el imperialismo norteamericano le sumó un elemento extra a esta ideología: la Doctrina de Seguridad Nacional. Dicho en simple, esta ideología propone que las guerras convencionales son cosas del pasado ya que ahora los enemigos se “camuflan” entre la ciudadanía y la corroen internamente. Son como una manzana podrida que empieza a podrir al resto o una especie de célula cancerígena que debe ser exterminada. Apareció la idea del “enemigo interno” y EEUU se encargó de diseminarla por todos los ejércitos de Nuestramérica.

Bajo estas dos ideologías las FF.AA. y de Orden justificaron el golpe de Estado que dieron en 1973. Recordemos que Augusto Pinochet fue uno de los promotores del corporatismo fascista al interior del Ejército, en su cargo de subdirector y profesor de Geopolítica en la Academia de Guerra y a través de dos libros sobre el tema que publicó en esos años (‘Ensayo de un estudio preliminar de una geopolítica en Chile’ y ‘Geopolítica’). Incluso exportó esta ideología a otros países de la región, como en la misión militar que realizó en los 60 a Ecuador para organizar la Academia de Guerra en dicho país.

Las FF.AA. y de Orden en Chile siguen esta ideología hasta nuestros días. Como no han sido democratizadas tras el fin de la Dictadura Civil y Militar, su ideología es exactamente la misma. Por ello, las palabras de Bassaletti no son “desafortunadas”: no llegó a ese cargo por no saber dar declaraciones. Al contrario, lo más seguro, es que fue el mejor alumno en esta formación y cree, de verdad, en las tesis del corporatismo (es decir, del fascismo) y de la Doctrina de Seguridad Nacional norteamericana (ya que no debemos olvidar que durante toda la postdictadura el Estado Chileno ha enviado diversas delegaciones para formarse en la Escuela de las Américas donde EEUU enseña esta ideología además de técnicas de tortura). Bassaletti no ve manifestaciones masivas pidiendo una vida digna, solo ve “agentes destructores del cuerpo social” (u “orden social” como le llaman ellos) y la solución para ellos es “matar estas células cancerígenas” antes que acaben con el cuerpo.

Por ello, las declaraciones de Bassaletti son profundamente peligrosas, porque denotan que el fascismo se apodera de quienes, se supone, solo deben velar por el orden público y la seguridad. Y si el gobierno las avala, no removiendo de sus cargos a quienes lo promueven, es porque comulga con esas ideas fascistas. ¿Una idea loca? No tanto, a fin de cuentas, Piñera lo dijo explícitamente: mientras el pueblo se manifestaba en las calles exigiendo dignidad, él señaló estar “en guerra” contra un “enemigo poderoso”.

Se hace fundamental que desde cada asamblea territorial o espacio movilizado levantemos la voz para exigir la renuncia de estos personajes que tanto daño le hacen a cualquier proyecto de democracia popular que queramos levantar.

El camino por una sociedad justa, donde nuestro pueblo viva dignamente, es largo y tortuoso. Para quienes no creemos en el corporatismo, sabemos que solo la unidad de los pueblos oprimidos y explotados puede lograr arrebatarle a la clase explotadora y opresora lo que requerimos para el Buen Vivir, que surge de nuestro trabajo pero que ellos nos han negado (tal como lo han hecho este mes, a partir de concedernos pequeñas migajas que no habrían soltado sino fuera por la protesta popular de estos días). Sin embargo, en algún momento deberemos ponernos a pensar sobre cómo democratizaremos a las FF.AA. y de Orden. De no hacerlo, nos condenaremos una y otra vez en el futuro. Confiamos en que el enorme ingenio y creatividad de nuestro pueblo sabrá encontrar las respuestas.

Colectivo Caracol – El apañe de los Piños

Educación Popular – Comunicación Popular – Sistematización Militante

Viernes 22 de noviembre de 2019


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