Esta semana será clave en esta hermosa lucha popular por una vida digna que ya lleva 39 días de movilizaciones. Para fomentar el debate en las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawun, compartimos algunas reflexiones:

UNO: Después del impasse de la “cocina” de los partidos políticos, retomamos la lucha con más claridad

El “Acuerdo por la Paz y por una Nueva Constitución” que firmó la clase política civil fue un golpe bajo para los sectores movilizados. Por eso, las bases organizadas tuvieron que poner cierta pausa en la lucha para analizar punto por punto esta propuesta leyendo la letra chica que portaba. Sin embargo, esa pausa terminó y, tal como muestran las declaraciones de muchas asambleas territoriales, ya tenemos claridades sobre ese proceso y algunas razones para rechazarlo:

  • Lo primero es señalar que eso es solo una propuesta, un papel con un par de ideas que firmaron algunos personajes. No es una ley ni una propuesta inmodificable, por mucho que los medios masivos de comunicación lo den por hecho. Es decir, la lucha en este tema no ha terminado.
  • Este “Acuerdo” no propone una Asamblea Constituyente, sino un Congreso Constituyente disfrazado. Al mantener el sistema electoral del parlamento (Sistema D’Hondt) genera profundas limitaciones para que cualquier independiente pueda presentarse ya que debe hacerlo patrocinado por un partido político o, si decide hacerlo independiente, superar todos los votos de la lista de candidatos que presenten los partidos. Es decir, es un boicot a las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawun.
  • Este “Acuerdo”, al imponer un quorum de ⅔ y no proponer que los disensos en temas importantes los decida la gente a partir de un plebiscito (sino que se pasan a trámite legal en el parlamento), presiona a hacer una Constitución “minimalista” (como ya lo aplaudió el empresariado) y que las temáticas importantes se sigan decidiendo en un parlamento donde la derecha empresarial tiene control. Es decir, es antidemocrática.

Ahora, independiente de lo anterior, es importante decir que esta “cocina” constituyente dolió en las bases porque fue repetir la escena que se dio desde mediados de los 80 cuando la futura Concertación osó llamarse pueblo y negoció con el Dictador para hacerse del poder político y administrar luego su orden autoritario y neoliberal. Dolió porque, con ella, los partidos del Frente Amplio que firmaron el acuerdo no solo le dieron un tanque de oxígeno a un gobierno que estaba agonizando sino, además, revitalizaron la agenda criminalizadora del gobierno, dándole un argumento más: el que no esté con el acuerdo es un “violentista” o “extremista” y será reprimido. Por eso, las violaciones a los DD.HH. ocurridas posterior a esa firma, son con su complicidad.

Creemos que es importante que el Frente Amplio asuma hoy (y no en unos años más) que cometió un error político con ese acuerdo y no machacarnos con eslóganes de que “la lucha continúa” si no son capaces de estar en esa lucha sin negociar a nuestras espaldas. De la misma forma que es necesario que no equiparen la violación a los derechos humanos del gobierno que salieron a salvar, con la digna y legítima rabia de las personas que funaron a algunas de sus figuras cuando osaron aparecerse por la Plaza de la Dignidad (como hizo el senador Latorre condenando la “violencia” de la funa); y que dejen su soberbia universitaria clasemediera de lado con esas declaraciones de que “es necesario que expliquemos en las asambleas los acuerdos”, como si la inteligencia colectiva que surge de ellas no fuera suficiente para entender sus letras chicas.

DOS: el dictador Piñera está solo, por eso busca desesperado el apoyo de las FF.AA. y de Orden

Después de la Huelga General del martes 12 el gobierno estaba en el suelo y tenía las horas contadas. Las y los que estábamos en la calle lo sabíamos. Sin embargo, la clase política unida le dio un salvavidas. Después de ello, sin embargo, lo volvieron a dejar solo por una razón sencilla: no se pueden ocultar las graves y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos que el gobierno ha cometido contra nuestro pueblo que ya lleva 24 personas muertas, 2.535 personas heridas que han sido atendidas en hospitales (sin contar las miles de personas que son atendidas en las postas improvisadas en la calle), 223 personas mutiladas oculares, sumado a las 341 querellas por torturas y 74 por abuso sexual o violación que el INDH ha presentado. Por eso, el informe de Amnistía Internacional pegó hondo en la derecha y, mientras el gobierno de Piñera “rechazó” el informe (tal como la Dictadura de Pinochet lo hizo en su momento) hundiendo su imagen internacional, el resto de la derecha guarda un cómodo silencio.

Estos crímenes pueden ser pasados por alto por la justicia en medio de la movilización pero, esperamos más temprano que tarde, van a empezar a ser judicializados y sus responsables deberán responder. Por eso el gobierno se blinda, no da declaraciones (¡una sola entrevista -y pauteada- ha dado Piñera en 39 días!) y busca desesperadamente allegarse a las FF.AA. y Carabineros prometiéndose mutuamente lealtad e impunidad; una impunidad que ellos mismos saben que no van a tener. Por mientras, la misma derecha política (con Mario Desbordes a la cabeza) se separa del Presidente y ve como se hunde solitario, en medio de una serie de anuncios donde se sigue apostando a equiparar su violencia contra las personas al daño contra las cosas o el capital, empatando la represión con una cifra dudosa de Carabineros heridos.

La violación a los Derechos Humanos es el punto débil de la derecha. Todos y cada uno de ellos son parte activa o pasiva de estos crímenes. Ya sea porque son parte del gobierno que los ejecutó, porque los avalaron o porque -conociéndolos-, los negaron. La lucha contra la impunidad no es una tarea para mañana, es una urgencia de hoy. Y hoy, la mayor impunidad, es que un gobierno que viola los derechos humanos de la forma en que lo hace este gobierno, termine su mandato.

TRES: La “cocina” hoy se llama “mesa técnica”, pero aparecen más propuestas

Como el “Acuerdo” no es más que un simple papel con la opinión de gente que no ha estado movilizada, deben ahora darle carácter legal. Para ello, formaron una “Mesa Técnica” donde hay 14 representantes (7 de la derecha y 7 de la oposición, incluidos dos frenteamplistas) que intentarán transformarlo en proyecto de ley. Debemos ser capaces de presionar como pueblo movilizado para que esa propuesta incluya nuestra visión. ¿Y de dónde saldrá esa visión? De los centenares de asambleas, cabildos y trawun que se siguen multiplicando en los territorios (esos mismos que aplaudió la clase política los primeros días pero que luego olvidaron cuando se encerraron en su cocina).

Pero ojo que nuevas propuestas le salieron al paso. En particular, destacan dos. La primera, el “Acuerdo Soberano: Chile decide” que firmaron los partidos políticos que no participaron de la “cocina”, que plantea una “Asamblea Constituyente Soberana”, que incluya una fase deliberativa previa a partir de cabildos locales, organizado por las universidades chilenas, un sistema electoral nuevo para elegir representantes (con paridad de género y cupos para pueblos indígenas) con participación desde los 16 años, un quorum de 3/5 que incluya que aquellas materias sin ese quorum, pero que hayan alcanzado la mayoría absoluta calificada, serán resueltas en el plebiscito de salida(1); y la segunda, la propuesta de “Asamblea Constituyente libre, soberana, paritaria y plurinacional” que levantó Unidad Social, que será discutida en sus bases hasta el miércoles y presentada al país este jueves(2).

En ese sentido, creemos importante tres cosas: la primera, es no caer en el juego de los partidos que participaron de la “cocina” constituyente que intentan señalar que quienes nos oponemos a su propuesta estamos en contra de una Nueva Constitución. ¡Todo lo contrario! La segunda es que debemos estar atentos para apoyar aquellas propuestas que van en la línea de una construcción popular de la nueva Carta Magna, que parta desde la deliberación de las bases (asambleas territoriales, cabildos y trawun) y desde ahí se vaya articulando a nivel país, de forma democrática, paritaria y plurinacional. Y la tercera es que hay que ser claros en que no endosaremos votos ni representatividad a partidos y conglomerados por el simple hecho de estar haciendo su trabajo (como estas propuestas que están construyendo). Los conocemos y sabemos su capacidad para utilizar al pueblo, así que estaremos atentas y atentos a cada movimiento para saber si funcionan como voceros o se arrancan con los tarros.

¡A desbordarle su “cocina constituyente” con movilización y propuestas! ¡La soberanía reside en los pueblos, no en la clase política civil!

CUATRO: El Paro Nacional, la Huelga General y la protesta popular son nuestras mejores armas como pueblo.

Como señalamos en nuestra tercera declaración, la mayor fuerza en todos estos 39 días de movilización fue cuando logramos unir la protesta social y popular con la Huelga General de las y los trabajadores el martes 12 de noviembre. Paralizar la producción, la movilización y el consumo son la mayor muestra de que sin nosotros y nosotras, el pueblo, nada se crea, nada funciona; porque es el pueblo el que crea y hace mover el país. Por eso, esa noche del martes 12 el dictador Piñera intentó desesperadamente volver a instalar un Estado de Excepción, sin éxito.

Y es que la Huelga General y la protesta social y popular son nuestras mejores armas. Esto porque tenemos un sistema político que no es capaz de procesar las demandas sociales, ya que solo las tergiversa, minimiza o las invierte para mantener el modelo económico. Por lo mismo, la única forma en que los movimientos sociales y populares han conseguido algo en la postdictadura ha sido generando condiciones de ingobernabilidad que fuercen al ejecutivo a negociar y cumplir las demandas. Esta no es la excepción.

Hoy comienza un nuevo paro y mañana martes tenemos Huelga General. Depende de todas y todos que se transforme en una manifestación mayor de nuestra fuerza que haga que la iniciativa vuelva estar en el pueblo y no en la clase política. Y, de tener éxito, hay que mantenerla más allá del martes.

El gobierno le teme a esto, por eso llamó desesperadamente el viernes pasado a Unidad Social a negociar (¡justo cuando se anunció el Paro!). Debemos estar vigilantes de los pasos de esta negociación, para evitar que el gobierno institucionalice el conflicto (lo saque de la calle y lo encierre en el parlamento) o que Unidad Social entre a una nueva cocina, negociando el “Pliego de las y los trabajadores de Chile” que fue construido en base a los Cabildos que alcanzaron a sistematizar.

CINCO: Las clases sociales reaparecieron en el Mall La Dehesa

No podemos cerrar sin hacer mención a que a medida que avanzan los días, ciertas formas de organizar y entender la sociedad se resquebrajan y otras formas de leer la realidad (re)emergen. Esto porque durante parte importante de la postdictadura la clase política civil y las ciencias sociales funcionales a ella intentaron levantar el discurso de que en este país eramos todos “gente” o “ciudadanos”, sin más distinciones que nuestro nivel de consumo. Prohibieron las palabras “clase social” y “pueblo”. Pero la realidad no cambia al prohibir palabras y está reemergiendo con fuerza y, contrario al discurso corporatista-fascista (“somos todos un solo pueblo”) o neoliberal (“somos todos iguales en el mercado”)(3), vuelven a reaparecer las clases sociales. Bastó que un grupo de personas de la clase popular se aparecieran en el patio de su templo del consumo en La Dehesa, para que la clase alta saltara despavorida llamándonos a “volver a nuestras poblaciones de mierda, rotos conchasdesumadre”.

Por ello, es importante que educadoras y educadores populares, comunicadoras y comunicadores populares, artistas populares y militantes de base nos unamos para generar una importante campaña de educación que permita reinstalar un análisis de clase en nuestro pueblo. Lo del Mall La Dehesa fue una muestra de la unidad de clase que tienen la élite y que nosotras y nosotros, acá abajo, necesitamos.

La clase popular abrió los ojos, y cuando lo hizo, la clase dirigente la quiso cegar. ¡No podrán!

SEIS: ¿Y qué pasa con las Asambleas Territoriales? ¡A apurar el tranco!

Como Caracol – El apañe de los Piños, creemos que la principal novedad organizativa de este proceso son las Asambleas Territoriales, que han permitido levantar espacios de asociatividad y organización de sectores de nuestro pueblo que no tenían participación social y política permanente. Creemos que las asambleas están recogiendo lo mejor de la tradición organizativa del movimiento de pobladores y pobladoras que fue clave en el período 1957-1973 y luego fueron protagonistas en la lucha contra la Dictadura.

Nuestro pueblo tienen un arraigo territorial fuerte y es importante que desde ahí surjan expresiones organizativas autónomas. Por ello, saludamos y buscamos apañar cada instancia que se ha levantado y donde cotidianamente se están dando procesos de fortalecimiento de la identidad, de desarrollo de arte y cultura popular, de autoeducación popular y deliberación política, con un pie en lo nacional y otro en lo local.

Sin embargo, esta expresión genuina del pueblo organizado no ha sido hoy un actor relevante en el debate anterior. Es más, la clase política civil han bloqueado su auge, al buscar desautonomizar su función (reduciendo la participación de éstas a un voto para un “Congreso Constituyente”), cercenando con ello el interesante proceso de imaginación política popular que está levantando nuevas formas de organización frente a un orden político deslegitimado.

Por ello urge que las articulaciones que están surgiendo a nivel metropolitano y nacional (donde destacan la “Asamblea de Asambleas Populares y Autoconvocadas” y la “Coordinadora Metropolitana de Asambleas Territoriales”) generen un acercamiento y articulación que permita incidir en el debate nacional. Son las asambleas territoriales, cabildos abiertos y trawun los únicos espacios que cuentan con legitimación popular para levantar las demandas y propuestas populares hoy en el país. Es necesario estar a la altura de las circunstancias.

SIETE: Para que le demos una vuelta…

Como pueblo, como clase popular, somos diversos, a veces dispersas, y con intereses heterogéneos. Sin embargo, tenemos necesidades compartidas y, poco a poco, horizontes cada vez más comunes. Debemos continuar en esa senda de unidad, respetando los tiempos de cada territorio.

Sin embargo, no debemos caer en el fatalismo del “aquí no se ha ganado nada aún”: donde estamos hoy, con la posibilidad de construir una nueva constitución, con un “Pliego de demandas” que vamos a salir a pelear a nivel nacional es solo por la valentía de aquellos sectores de nuestro pueblo que no dudaron y salieron a la calle. Estamos acá, de pie y peleando, hace 39 días, sin vendernos, y eso es ya una victoria. Este será un proceso largo y si lo reducimos todo siempre a una hipotética “guerra final” -que nunca llega-, solo se generará frustración en nuestra gente.

Un abrazo fraterno para todo y todas, desde sus diversas trincheras. ¡Nos vemos en las calles!

Colectivo Caracol – El apañe de los piños
Educación Popular – Comunicación Popular – Sistematización Militante
Lunes 25 de noviembre de 2019


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